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1780361558112Brigada Médica cubana apoya al colectivo de parteras de Timor Leste Uno de los programas que mejor evidencia la esencia humanista de la Revolución cubana, en sus más de seis décadas de existencia es sin dudas el programa de cooperación médica.

En esa noble tarea está una verdad que ni las campañas más agresivas pueden distorsionar: Cuba, frente a un bloqueo recrudecido y una persistente hostilidad imperial, ha mantenido clara sus prioridades: ¡Médicos, no bombas! La más grande enseñanza de Fidel.

En estos días cuando algunos países del mundo responden a las crisis globales endureciendo sus fronteras y persiguiendo migrantes, Cuba sigue siendo para muchos un faro de oportunidades y vida. 

Frente a una guerra mediática implacable que intenta retratar a la isla como "patrocinadora del terrorismo", la realidad que dibuja nuestro ejército de batas blancas es el mejor antídoto contra dicha intoxicación. 

Las cifras hablan claro: más de 8 millones de vidas salvadas en 165 países, cerca de 16 millones de intervenciones quirúrgicas realizadas por nuestros galenos, y más de 17 millones de vacunas aplicadas en todos los continentes. 

Esas cifras multiplican su valor cuando se entienden en el contexto de un país que, a pesar de su tamaño, ha logrado construir el capital humano más solidario del hemisferio. 

No hay catástrofe natural o sanitaria que haya sorprendido a Cuba desprevenida. La respuesta de la mayor de las Antillas ante emergencias globales es casi automática, y tiene nombre propio: el contingente Henry Reeve. 

Bautizado así en honor a un joven estadounidense que luchó por la independencia de Cuba en el siglo XIX, este batallón de batas blancas no ha parado de escribir páginas de heroísmo.

Cuando un terremoto de magnitud 7,8 devastó Pakistán en 2005, los médicos cubanos fueron de los primeros en llegar y de los últimos en irse. Cuando el ébola sembró el terror en África Occidental en 2014, mientras grandes potencias evacuaban a su personal, la Mayor de las Antillas envió a más de 400 profesionales sanitarios a la zona del brote. 

Y mientras la COVID-19 paralizó al planeta en 2020, el contingente Henry Reeve desplegó miles de trabajadores de la salud en decenas países, incluyendo el corazón de Europa, en una muestra de altruismo que le ha valido lauros como el Premio Memorial Doctor Lee Jong‑wook de la Organización Mundial de la Salud y hasta una nominación al Nobel de la Paz.

Y aunque el mundo suele asociar a Guantánamo con la controvertida base militar estadounidense enclavada en suelo cubano, lo cierto es que la provincia oriental también es cantera inagotable de solidaridad.

 Los colaboradores de la salud "guantanamera" han llevado su saber y su calor humano a los rincones más apartados de Venezuela, Bolivia, Angola...con resultados reconocidos por las comunidades a las que sirven, más allá de cualquier campaña. 

Los médicos cubanos no se consideran héroes, sino profesionales leales a su juramento, socialmente conscientes de su vocación, que recorren el mundo con la protección de su voluntad de ayudar.

Por eso la obra social de la Revolución cubana es, por su naturaleza, una lección de humanismo, una refutación contundente a los intentos de estigmatizar el sistema solo por sus manchas.

Quizás por eso, mientras algunos acumulan arsenales, Cuba acumula esperanza. Y en tiempos donde la humanidad se enfrenta a pandemias, terremotos y nuevas formas de barbarie, el ejemplo de este pueblo les recuerda que todavía es posible un mundo mejor, y que la única arma capaz de transformar para bien la realidad es la solidaridad.