
Tengo una amiga pequeña que sostiene una ''teoría'', no muy científica seguramente, y según la cual una cosa es estar loco y otra un tanto diferente, estar demente. Ella me ha dicho que los primeros miran fijo, se ríen sin motivo y si los provocan, tiran piedras. En cambio, los dementes tienen la mirada perdida y, si te metes con ellos, se ponen tristes y se espantan.
Esa creencia suya y mía se sostiene en las vivencias que hemos tenido ambas con ese tipo de personas que frecuentan el parque de nuestra vecindad.
Pero esta mujer que, por lo general, lleva pantalones por debajo de sayas holgadas y de tachones, y unas blusas de flores, con mangas largas y amplias como una bandera, rompe un poco con la hipótesis de mi única amiga niña.
La que siempre anda con los pies en zapatos cerrados, calza medias oscuras y se cubre el pelo con mantos de distintos colores, dejando a la vista un enorme moño casi blanco en canas, cuando la miras, baja la vista, triste, pero tiende a defenderse de los que se les acercan en son de amigos, amenazando con un bastón sobre el que descansa sus piernas mientras ocupa con su cuerpo y un montón de bolsos llenos, vaya usted a saber de qué, uno de los bancos de ese hermoso espacio abierto de mi barrio.
Un día de esos en los que, al parecer, estaba de buenas, me dijo que se llama TabathaTwitchit y fue profesora de inglés. Que tenía hijos, pero el que más la quería había muerto. Lloró mucho cuando me dijo eso último. No sé si el nombre es añoranza suya por una vieja canción de Los Mustang que fue todo un himno de amor en la Década prodigiosa de la música romántica. Tampoco estoy segura de si en algún momento de su vida impartió lecciones en la mencionada lengua, pero por algo dice lo que no he podido desentrañar.
Lo que sí sé, y ella también me lo confirmó, es que todos los locos o dementes cuyas historias he contado, llevan siempre algo colgado en el pecho y en su alma.
Esta TabathaTwitchit guantanamera carga con una pequeña bolsa de cuero. En su alma lleva, al parecer, el amor y el dolor por el hijo que perdió, y se aferra a su recuerdo con unas fotos dentro de esa bolsita color púrpura, mucho mejor cuidadas que ella misma. Por más que le insistí, nunca me las mostró. Yo estaba muy intrigada con eso y hasta que no di con el ''misterio" del contenido de su bolso, no me di por vencida.
Finalmente lo supe, gracias a una joven pariente mía, que estudia Medicina en la ciudad de Guantánamo, pero vive en las inmediaciones del municipio de El Salvador. Las dos hemos coincidido con la ''teacher'' muchas veces en el mismo parque.
-Yo sí he visto las fotos que tiene en la bolsita, a veces, cuando está solita en un lugar, las saca y llora, y eso a mí me ha impresionado. Pero si es para escribir tus historias, es mejor que lo veas con tus propios ojos, creo yo, me dijo la chica hace poco.
-Claro que sí, respondí.
Unos días después de haberme revuelto la curiosidad, nos fuimos a la aventura de encontrarla o no. Tomamos el ómnibus en el que la muchacha regresa a su casa cada día y cuando nos acomodamos, ella le preguntó al chofer:
-¿Has visto en estos días a la viejita que tú le dices muñequita de trapos?
-¿La que se cree dueña de la guagua y nunca paga?, la interrogó el conductor.
-Sí, la misma que cuando alguien quiere pagarle el pasaje tú mismo dices que no y exige que le cedan un asiento, esa misma..., acotó mi pariente.
-Chica, hace días no la veo, pero precisamente ayer pregunté por ella y me dijeron que la vieron, por la nochecita, acostada en una parada por allá alante...
Y llegamos a ''allá alante'', a un estacionamiento de ómnibus y otros medios de transporte público, al pie de la línea del tren, a la entrada de El Salvador. No la vimos ese día, ni en una ocasión más; tampoco en un tercer viaje al lugar. Fue cuatro días después de ese último intento que me la encontré, pasadas las 10 de la noche, en un punto de embarque ubicado en las cercanías de la autopista. Tenía mucha tristeza en su rostro. Lloraba sentada en un banco de concreto donde tenía expuesta su galería de fotos:
Recortes de periódicos con la imagen de Fidel.