Estudiantes y trabajadores de la Universidad de Guantánamo garantizan la disponibilidad de agua para los ingresados.El habitual ajetreo académico hace semanas abandonó los espacios de la sede central de la Universidad de Guantánamo (UG). Hay aparente tranquilidad a la entrada, y raros silencios reciben al equipo de Venceremos, pero metros hacia dentro el panorama es otro.
Justo donde comienza el área de la residencia estudiantil, una cinta amarilla advierte que en esa institución docente se pelea contra la COVID-19. Más de mil personas sospechosas de haber contraído la enfermedad y contactos de casos positivos han pasado por allí. En esa lucha pesan los esfuerzos del personal de Salud, y muchos jóvenes del centro decidieron honrar tales entregas, y están allí.
Melissa Vera Laborí estudia Agronomía. Ella es de los primeros rostros que este equipo de prensa encuentra en el lugar. Ella desinfecta con agua clorada las manos de quienes cruzan la cinta. Parece sencillo, pero es una forma de cortarle el paso al SARS CoV-2, y sus cotidianos intentos de reproducir las cifras de la pandemia en la provincia.
La prevención, elemento esencial de quienes se suman al apoyo.
“A raíz de una convocatoria de la Federación Estudiantil Universitaria decidí apoyar las labores en el centro de aislamiento. Mi mamá y mi hermano también están vinculados a uno, y comprendieron mi disposición.
“Una las cosas más gratificantes es ver reflejada la tranquilidad de quienes salen seguros de estar libres del virus. Con tantas personas que han pasado por aquí, la mayor lección es que tenemos que cuidarnos”, afirma Vera Laborí.
Como Melisa, son varios los jóvenes estudiantes y profesores que por estos días colaboran en diferentes tareas en el centro. A las cinco de la mañana comienza“Estar aquí es aportar en la lucha contra la pandemia”, afirma Thalía Chacón Duboi. su cotidianidad, para llegar alrededor de las 6 am en el transporte que los lleva. Es que a partir de las siete debe iniciar la distribución del desayuno a los ingresados, en cuyo traslado cooperan muchos de ellos.
Thalía Chacón Duboi es otra de las alumnas de la UG que desanda entre esos espacios. Lleva en un bolsillo su propio pomo de agua clorada. Constantemente se le ve moverse entre el comedor y la zona donde se colocan los recursos para la posterior entrega a los pacientes en los cuartos. Su delgadez desafía el peso de la bandeja con la merienda y los recipientes con agua, la fuerza de voluntad guía sus pasos.
“Supe de la posibilidad de colaborar por una profesora, y me consideré preparada para venir. En ocasiones siento temor, sobre todo, cuando debo trasladar medios que ya han tocado los pacientes, independientemente de que se desinfectan. Me lavo mucho las manos, es la mejor forma de protegernos”, afirma la estudiante.
El valor de estar
La residencia estudiantil de la sede central universitaria tiene capacidad para 250 ingresos. En sus inicios recibía a pacientes sospechosos, pero dado el incremento de contagiados con el SARS CoV-2, en los últimos días se determinó aislar allí solo contactos de casos positivos. Son decenas de vidas que implican atenciones, así que la más mínima cooperación entre esas paredes se agradece.
Liuben Ray Castro, jefe del centro de aislamiento, reconoce el impacto del apoyo juvenil en el lugar, porque la colaboración en las tareas de servicio no solo ayuda a los ingresados, sino también al personal médico.
“Han pasado ya voluntarios de cuatro facultades. Al inicio había carencia de trabajadores, debido a ello muchos de nuestros estudiantes y profesores entregaron directamente alimentos a los pacientes. Ya eso ha cambiado, ya que se contrató personal específico para esas tareas, pero igual ellos colaboran en la desinfección, mensajería, traslado de recursos, y es significativo ese aporte”, explica Ray Castro.
El esfuerzo juvenil estuvo allí mucho antes de la apertura del centro. Miembros de la FEU prepararon las áreas de ingreso, cambiaron de lugar mobiliario, limpiaron cuartos y baños. Yudeisi Álvarez Fajardo, presidenta de esa organización estudiantil en la UG, comenta que aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Todus fomentan la comunicación para convocar e intercambiar con los universitarios.
Cumplir los protocolos de desinfección en el traslado de recursos es parte de las labores de profesores y estudiantes.
Miembros de los proyectos de impacto social del centro educacional como Piti en las calles y Con mochila al hombro, desde los primeros momentos se unieron a los preparativos de la institución para la nueva funcionalidad.
“Tenemos, incluso, alumnos de los que comenzarán a estudiar aquí, que decidieron colaborar. Hay un sistema de rotación para que cada semana pasen voluntarios de una facultad diferente”, añade Álvarez Fajardo.
“Nosotros establecemos un puente entre el personal de Salud, pantristas y los trabajadores de la cocina”, explica Alex Valdés.Desde la entrada de la Universidad hasta la residencia caminan los estudiantes para trasladar recursos enviados por los familiares, como aseo y medicamentos. También cuando solicitan información sobre alguien ingresado y debe buscarse a la persona indicada para informarse e intercambiar con quien espera afuera.
Compromisos humanos
El olor a cloro sorprende al olfato cuando nos acercamos a Alex Valdés Suárez. Sobre algunas mesas es apreciable el vestigio de esa solución que desinfecta. El joven profesor de la Facultad Agroforestal podía haberse quedado en la comodidad del teletrabajo, pero su conciencia lo llevó a ser un voluntario más allí:
“A otras generaciones les tocó la epopeya del Moncada, el Granma, y yo pienso que este es nuestro Moncada y nuestro Granma. Para mí es una cuestión de responder al momento histórico que vivimos”, afirma Valdés Suárez.
Luis Augusto López La O, otro profesor de la misma facultad, a pesar de estar allí dice que se siente seguro. Los medios de protección le cubren el cuerpo. Esa cercanía a la solución clorada y el equipo de fumigación refuerzan su seguridad. Es otro de los que colaboran, afirma sentirse útil en medio de la pandemia.
Son cerca de las 10 y media de la mañana, y Luis Augusto se alista para trasladar la merienda hacia las zonas donde las pantristas la reciben para llevarla a los pacientes. La grabadora del celular se lleva sus palabras, ellas cargan la satisfacción y sus compromisos en esta batalla epidemiológica.
Hasta las nueve de la noche la disposición de cada voluntario se ramifica por tareas que se revierten en atenciones y precaución. Frente a las cifras que la COVID-19 intenta multiplicar, también se expanden por Guantánamo esfuerzos por el bienestar de terceros y comprometidos con ganarle a la pandemia.