Instituto de Investigaciones de Ingeniería AgrícolaEl Instituto de Investigaciones de Ingeniería Agrícola (IAgric) informó que, en el marco del proyecto EcoValor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se validaron prácticas productivas sostenibles en ecosistemas priorizados de Pinar del Río, Matanzas, Villa Clara, Las Tunas y Holguín.

La iniciativa, coordinada por el Centro Nacional de Áreas Protegidas con participación de diversos institutos, incluyó la recepción y montaje de equipamiento para los sectores forestal y agropecuario, en especial sistemas de riego y viveros forestales, ajustados a las exigencias técnicas previamente definidas, precisó la página web del Ministerio de la Agricultura (Minag).

Una de las tareas fundamentales consistió en lograr eficiencia en el manejo del agua, garantizando la relación óptima entre la cantidad suministrada y la captada por los sistemas de riego, de modo que se satisfagan los requerimientos de las plantas sin excesos ni déficit de humedad.

Se evaluaron cambios en indicadores definidos con la introducción de prácticas mecanizadas menos agresivas, comparadas con métodos tradicionales, lo que permitió mejoras en propiedades físicas, químicas y biológicas de los suelos, especialmente en la primera capa de 0 a 10 centímetros.

Una encuesta aplicada en los sitios de intervención mostró puntuaciones entre 79 y 86 puntos sobre un máximo de 100, mientras que dos áreas alcanzaron 64 puntos, reflejando la necesidad de medidas adicionales de restauración.

Entre los indicadores positivos se destacaron el manejo de agroinsumos, pH en agua, conductividad eléctrica, capacidad de intercambio catiónico y saturación de bases. El indicador de actividad biológica resultó el más deficiente, coincidiendo en algunos casos con bajos niveles de carbono orgánico.

Para los sitios con mayor deterioro se recomendaron acciones de restauración mediante aplicación de materia orgánica y manejo de plantaciones a curvas de nivel, junto con la promoción de implementos como el tiller en lugar de arados de discos, que contribuyen a dañar el suelo.

En todos los casos se promovieron manejos conservacionistas en la preparación del suelo, como la labranza mínima, planificación por lotes y disminución del uso de herbicidas y plaguicidas, complementados con la aplicación de materia orgánica para recuperar la actividad microbiológica.

Tomado de Granma

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