Un panel dedicado al aniversario 80 del inolvidable dramaturgo, escritor y profesor Freddy Artiles (1946-2009), fue realizado en la sede del grupo de teatro La Proa, como parte de la Jornada Villanueva que tiene lugar bajo los auspicios del Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE) del Ministerio de Cultura.
Moderado por la crítica teatral, dramaturga, investigadora y profesora Blanca Felipe Rivero; el panel contó con voces autorizadas; creadores, investigadores, colegas, que tuvieron en el autor, a un mentor, cómplice de sueños, erudito y batallador invencible por la literatura y escena teatral para niños y con títeres: María Elena Tomás, Gladys Alvarado, Yamina Gibert Núñez, Rubén Darío Salazar y Tomás Hernández.
Hoy más que nunca es importante homenajear a personas así, recordarlas, sentirlas, y que las nuevas generaciones sepan de lo que entregó y de la manera que lo hizo, destacó Felipe Rivero, mencionando algunos de los libros de Artiles expuestos en una mesa copada de recuerdos y anécdotas, flanqueada por un cuadro del agasajado y un búcaro con flores —de un lado y, del otro, Pelusín del Monte y Pérez del Corcho, su alter ego espiritual y creativo aunque su autora verdadera haya sido Dora Alonso (1910-2001).
Incansable escritor, quizás sus mayores esfuerzos, además de dotar a la academia y las artes escénicas cubanas de un marco histórico conceptual donde el teatro para niños y con títeres fuera por fin sacado de zonas comunes de arte menor adonde le habían condenado ciertos puristas, fueron para validar a Pelusín como Títere Nacional, significó la experta.
Por su parte, Alvarado, bailarina y actriz que estrenó una de las obras icónicas de Artiles, El conejito descontento, describió emocionada cómo en el año 1971, y al calor de las celebraciones por el segundo congreso de la UJC, en un esfuerzo conjunto con el Consejo Nacional de Cultura, se constituye la primera brigada de escritores y artistas en la Sierra Maestra, la cual recorrería la serranía; 38 jóvenes que ofrecieron 137 actividades en poblados serranos de Santiago de Cuba, Palma Soriano, Bayamo y Manzanillo.
En aquellos días de furor nació la celebre obra, ensayada tras los espectáculos que noche tras noche ofrecían, entre otros, Frank Fernández —segundo jefe de la brigada—, Vicente Feliu, Pedro Luis Ferrer; poetas como Roberto Orihuela, Adolfo Suárez y Manuel Bofill, a quienes acompañaba la escritora Mariana Rivas, recientemente fallecida; actores como Luis Alberto García (padre), y, por supuesto, Freddy Artiles en calidad de dramaturgo.
Justo el 19 de febrero en una escuelita de Mogote, un poblado de San Pablo de Yao, se estrenó la obra El Conejito descontento; antecedente de lo que sería posteriormente una de las piezas más famosas de Freddy: y, a partir de su estreno se estuvo representando diariamente hasta el 29 de febrero última función de la brigada en el Círculo de Cultura de la ciudad de Manzanillo; y en 1973 se alzó con el Premio La Edad de Oro, contó Alvarado.
Tomás Hernández y María Elena Tomás, pareja en la vida, y fundadores de Teatro de la Villa (1990), de Guanabacoa, recordaron los prolíficos tiempos en que el homenajeado fue asesor teatral los últimos seis años de su existencia; y lo feliz que le hacía visitar la localidad y transmitir lo que sabía.
Los testimoniantes, poco a poco fueron desgranando cualidades de hombre fértil, preocupado por fundar más que por trascender; un ser con alto sentido pedagógico, pero sobre todo, un ejercitador de los lenguajes, sus matices, sus valores; porque si algo cuidó Freddy fue investigar y escribir libros adecuados para todo tipo de público.
Gibert Núñez, destacada teatróloga, investigadora de la literatura para niños, profesora y asesora, evocó aquel 2004 cuando Artiles fue a verle para pedirle en voz baja y triste que fuera la sucesora en sus clases en el entonces Instituto Superior de Arte (ISA) —hoy Universidad de las Artes—; ya que veía cerca el final y aún tenía muchos proyectos por concluir, incluyendo unos guiones para la TV y la terminación de un curso de Universidad para Todos.
Otro día que regresaba de una grabación, vino a verme de nuevo. No pudo subir a mi oficina y nos sentamos a conversar en el portal del CNAE. Me entregó lo que consideraba su tesoro: un paquete con sus clases y las diapositivas que utilizaba, rememoró.
Recuerdo que nuestra conversación fue interrumpida por Mario Balmaseda, que se nos acercó diciendo, "lo felicito maestro, no me pierdo nunca su curso por televisión. Siempre me siento a disfrutar sus clases. Ese es uno de mis momentos preferidos durante el día". Se abrazaron mientras yo los miraba asombradas; después Mario me miró y dijo, "ojalá todos supieran la grandeza de este hombre", añadió Gibert Núñez.
¿Dónde vamos a ubicar a este hombre? ¿En qué zona de la creación? ¿Dramaturgo, profesor, crítico, investigador, antologador? ¿Dónde lo ponemos? ¿Traductor? ¿Dónde lo ubicamos?, preguntó otro de los tertuliantes, el Premio Nacional de Teatro y director de Teatro de las Estaciones, Rubén Darío Salazar.
Basta con saber que su linaje dramatúrgico le hizo escoger solo una de sus obras para darle espacio a otros autores en antologías como Teatro para niños cubanos; dijo, evocando aquella vez que le instó a enseñar, porque no podía ser solo el actor que mueve un muñeco, sino alguien capaz de documentar y mostrar, llevándolo incluso a convertirse en profesor de análisis de la dramaturgia de teatro para niños y títeres cubanos, y luego en profesor auxiliar del ISA.
Teatro La Proa se hizo pequeño; el auditorio se mantuvo repleto de estudiantes, actores y actrices, antiguos alumnos y compañeros de Freddy; además de Rachel García Heredia, presidenta del CNAE; Rafael Perez-Malo, vicepresidente; Kenia Idalmis Rodríguez, presidenta del Centro Cubano de la Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud (ASSITEJ); la actriz y narradora oral Dayana Deulofeu —muy cercana al homenajeado y su esposa, la imprescindible Mayra Navarro—; y el critico e investigador Omar Valiño Cedré, director de la Biblioteca Nacional José Martí y cercano a quien consideró uno de sus maestros "piedra".
Gracias a ustedes que han pintado magníficamente a Freddy en todo lo frondoso que fue realmente, expresó Valiño Cedré, refiriéndose al autor como un hombre agudo, inteligente, que se desplegó en todas esas ramas que son una misma, tienen un mismo tronco, en su caso, cada una también es toda una obra. Porque los maestros parecen ser los oficiantes de algo que se lo lleva el viento, que se pierde. Y a pocas personas recordamos con tanto agradecimiento como a un maestro; y Freddy lo fue en todo ese sentido, sostuvo.
Por último, como "un libro de envidiar" calificó La Maravillosa Historia del Teatro Universal, una de las obras cumbre de quien hubiera cumplido 80 años este 13 de enero; perenne creador de las tablas cubanas que hubiera querido ser hijo de Dora Alonso, y quizás, hasta el mismísimo guajirito de pelo rubio revuelto y ojos verdes: un cubano más, Pelusín.
Tomado de la ACN




