Obra ganadora del Premio del Salón Concurso José Vázquez Puvillones.Guantánamo lo recibió expectante, pronto las galerías captarían la atención con sus obras. Valeriano Donatién Cisneros, egresado de la Escuela Nacional de Arte, y autor de diversas piezas de escultura, murales y pinturas que prestigian la provincia de Guantánamo, regresó a su natal ciudad tras más de una década de viaje por distintas urbes del mundo.
La intención del artista ahora es hacer visibles esa experiencia, recuerdos y aprendizajes de su itinerancia global y verterlos todos en arte en función de la tierra que lo vio nacer.
La ciudad, sus calles, sus ríos y su historia se mezclan como un solo ser en la mira del creador, así se percibe en cada una de las piezas de su más reciente serie, que le valió el Premio del Salón Concurso José Vázquez Puvillones que auspicia el Consejo provincial de las Artes Escénicas en Guantánamo.
“Esta serie es resultado y expresión de la situación material que se está viviendo”, explica para quienes recorren la expo del Salón actualmente disponible en la galería Anto Morales.
Donatién no habla solo de las carencias, sino de la posibilidad de convertirla en fuerza creativa. Sus obras no buscan la nostalgia ni la contemplación pasiva; sino el diálogo con quien las observa, la participación del espectador en la historia que construye.
Desde que regresó, Donatién ha trabajado en piezas que combinan recuerdos de sus viajes con referencias locales.
Nueva York, Tel Aviv, Frankfurt, París, Miami y hasta países como Kirguistán se han filtrado en su imaginario, pero siempre con un hilo conductor: Guantánamo, su ciudad natal.
“Aquí comienzo aquella obra que tiene que ver con el regreso a Cuba”, dice. La frase parece sencilla, pero contiene años de itinerancia, de aprendizaje, de búsqueda de identidad y de un espacio propio donde crear.
El espiral, un motivo que se repite en su obra, funciona como símbolo del movimiento y del crecimiento. No es un recurso meramente estético: es una estructura que organiza la memoria y la energía de la ciudad, de la vida del artista.
“El espiral es parte del desarrollo, que no se mide solo en dimensiones físicas, sino en la manera de pensar y de materializar la experiencia", detalla.
La ciudad como pulso y memoria
La obra de Donatién dialoga con la ciudad desde la forma y el contenido. Columnas coloniales guantanameras se combinan con motivos urbanos contemporáneos, luces que recuerdan el Times Square y flujos humanos que evocan la energía de metrópolis visitadas. La ciudad aparece en sus obras como un organismo vivo, siempre cambiante y siempre dispuesto a interactuar con quien la observa.
El gran formato de sus piezas responde a esa necesidad de trasladar al espectador la escala de aquellas grandes urbes.
“Cuando empecé a exponer en el extranjero me pedían que las obras fuesen pequeñas, y ya me cuesta trabajo hacer una obra de ese tamaño, se queda solo de boceto”, expone.
La escasez que marcó sus primeros años de formación quedó atrás, pero la conciencia de los límites materiales sigue presente en su proceso creativo.
La obra de Donatién no se limita a la representación formal; también registra y denuncia los desafíos y la resiliencia de la vida cotidiana en Guantánamo y en Cuba.
“No quiero que se muera la memoria, porque cada etapa debe quedar. Y una de las formas de hacer perdurable el recuerdo es el arte”, dice. Cada pieza, entonces, es un testimonio del tiempo que vivimos y de la manera en que el arte puede transformarlo en algo tangible y duradero.
Nueva York, por su parte, aparece en la serie como una referencia energética, un modelo de flujo constante que contrasta con la calma relativa de Guantánamo.
“Es movimiento constante, luces, gente… hasta en el cielo, porque los aviones dejan un rastro blanco y todo está cuadriculado”, comenta, señalando cómo incluso los detalles más cotidianos se integran en la composición suya. Así el entorno de Donatién se convierte en metáfora de la energía que atraviesa la vida yel artista en una suerte de herramienta mágica capaz de captarla y traducirla.
Donatién insiste en que el espectador no puede ver sus creaciones de manera estática: “Usted se mueve un milímetro y la obra cambia; se mueve un metro y la obra no es la misma”. La perspectiva ayuda a una interacción más dinámica, en la que cada desplazamiento revela nuevas texturas y significados.
Crear desde el límite
El proceso creativo de Donatién está profundamente ligado a la reutilización y al reciclaje. Lo que para otros es desecho, para él se transforma en material de trabajo.
“Tanto aquí como en el extranjero me he visto en la obligación de utilizar aquellos materiales que la gente considera basura, desechos, recortes de revistas, carteles, sobres de refresco, laticas de cerveza y propaganda, según el tema que esté haciendo”, relata. La materia prima que otros descartan se convierte en soporte y expresión de su visión.
En esa búsqueda constante de materiales también se percibe la ética del artista. Cada objeto recuperado tiene un valor simbólico y práctico.
"Es basura que no es basura, porque es parte de nuestro mundo, testimonios de una época que la gente bota porque ya no les sirve, pero para nosotros los artistas son muy importantes”, asegura.
"Así la escasez no limita, sino que potencia la creatividad, y mi obra es ejemplo de cómo transformar lo disponible en significado.
Además de mantener y ampliar su serie principal, Donatién proyecta volver a poner en marcha un proyecto educativo que le es muy querido: Sueño con los pies despierto.
"Se trata de un programa dirigido a niños, jóvenes y personas con dificultades, que busca estimular la creatividad y la imaginación a través de materiales accesibles y reciclables.
"Quiero reabrir el proyecto y utilizar ahora los materiales que tenemos. Es importante aprovechar todo lo que tenemos a nuestro alcance”, comenta con entusiasmo.
Para él, el arte es sobre todo una herramienta de formación y de inclusión. Algo que refleja en su obra, desde la que también propone un futuro posible.
Su práctica artística se conecta con la enseñanza, con la transmisión de valores y con la capacidad de los individuos para imaginar y crear.
“Cada día estoy haciendo, converso con mis obras… cada artista debe conversar con sus obras y uno va siendo retrospectivo constantemente”, explica.
La disciplina y la reflexión forman parte de su proceso creativo, y esa mirada retrospectiva se combina con la voluntad de proyectar nuevas ideas y abrir caminos para otros.
El compromiso ahora está en imaginar su Guantánamo de otra manera a la que muchos emigrantes la ven: no solo como ciudad, sino como laboratorio de posibilidades, energía y creatividad.
“Siempre pensaba en Guantánamo. No en La Habana. Quizás porque es mi tierra, y a mí me gusta vivir en Cuba. La conexión con mi origen es constante, y esa mirada que integra lo local y lo global en un diálogo que atraviesa la historia, el espacio urbano y la memoria afectiva es lo que me mantiene vivo", asegura.
“Yo no me detengo haciendo mi obra. No me apabulla ni me achica lo que está ocurriendo. La obra es mi espacio de libertad, un lugar donde lo material, lo simbólico y lo pedagógico se encuentran.
El retorno a Guantánamo no es solo un regreso físico; es un retorno simbólico que le permite poner en práctica todo lo vivido y sentido, reinterpretar su historia personal y proyectar un porvenir en el que los sueños, sean la principal fuerza que alimente su energía creadora.




