En medio de caminos empinados, escuelas rurales y comunidades que a apenas aparecen en los mapas, conversamos con Roberto Tomás Mirabal Céspedes, director de la Compañía de Espectáculo La Familia. El actor participó en la primera parte de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, en su edición número 36.
No es su primera vez. Pero lo dice sin titubeos: cada año se siente como el primero.
¿Qué tiene esta edición que la hace distinta?
Cada año es novedoso. Aunque ya he pasado por varias ediciones, la emoción es la misma. El deseo de llegar a estos lugares de difícil acceso no se pierde. Son comunidades muy necesitadas de este tipo de trabajo, alejadas de los grandes circuitos teatrales. Y precisamente ahí está uno de los grandes objetivos del proyecto: llevar el arte donde casi nunca llega.
La Cruzada nació en los períodos más duros del país y mira, estamos viviendo tiempos difíciles otra vez. Pero eso no nos detiene. Al contrario. Es cuando más sentido tiene lo que hacemos.
¿Cómo defines hoy la misión del artista cubano?
Nosotros no estamos detrás de lo comercial. Estamos detrás del arte puro. Y llevarlo a estos lugares es una de las cosas que más nos gusta hacer.
Hay algo muy poderoso en subir a estas montañas, en atravesar caminos complicados, en vivir las condiciones que vivimos aquí. Eso nos nutre. Es una retroalimentación constante. Uno viene a dar, pero termina recibiendo muchísimo.
La experiencia de la Cruzada también ha sembrado proyectos personales en ti.
Totalmente. Después de vivir experiencias como la Cruzada Guantánamo-Baracoa, La Guerrilla y otras, decidí crear en La Habana mi propio proyecto: La Tropa de Cambolo.
Vamos ya por siete ediciones. Imagínense, la Cruzada lleva 36… yo apenas voy por siete, pero con el mismo espíritu. La misma intención de llegar, de compartir, de hacer comunidad.
¿Qué traes este año a la Cruzada?
En esta ocasión vine solo representando a la compañía, así que he apostado sobre todo por las narraciones.
Trabajo para todos los grupos etarios, pero principalmente para niños. Estoy presentando mucho Papirolandia, una historia mía que es, en esencia, una oda a barquito de papel.
Para mí, “Barquito de papel” es una de las canciones más hermosas que existen a favor de la paz y la unión infantil. Un día sentí la necesidad de convertir esa emoción en cuento, y así nació Papirolandia. Es el espectáculo que más estoy haciendo aquí.
Además traigo muchas otras historias. El narrador siempre se adapta según el público: depende del grupo, del momento, de la energía. El cuento vive en el intercambio.
La Cruzada como espacio de reencuentro profesional.
Nos reunimos con colegas que hacía años no veíamos, y también conocemos nuevos artistas. Se abren proyectos futuros, se crean alianzas. Eso es invaluable.
La Cruzada no es solo funciones. Es comunidad artística en movimiento.
¿Qué deseas para esta edición?
Que la Cruzada continúe su trayecto hasta el final, que llegue a cada rincón previsto en Guantánamo, y que siga existiendo por muchos años más.
Y agradecer a todos los que nos escuchan, a quienes creen que el arte todavía puede tender puentes donde parece que solo hay distancia.
Treinta y seis ediciones después, la Cruzada sigue avanzando. Y mientras haya un artista dispuesto a cargar historias en la mochila, el teatro seguirá subiendo montañas.




