tecnico computacionEstar presente, tener siempre una respuesta para los usuarios y amar lo que hace: el secreto de un buen instructor, según Alnier.

Ni delante ni detrás. Ellos, los que trabajan mientras el resto descansa, incluso para que esos otros tengan la opción de relajarse, los médicos de guardia y de consulta, quienes mantienen las calles limpias, los comunicadores, los periodistas, los trabajadores del Comercio y Gastronomía…, también son parte del verano.

Son muchos más. Dueños de rostros anónimos y cansados, curtidos por el sol y tan mojados que, si fueran de otro “material”, pudieran exprimirse; pero necesarios, presentes, ineludibles. A ellos, nos acercamos…

Amor en códigos binarios

Alnier Deliz Castelvi está, sencillamente, donde quiere estar. Haciendo un trabajo que no siente como trabajo, como pasa cuando se ejerce la profesión que se ama, en el sitio donde siempre soñó desempeñarse.

Me lo dice, pero también lo intuyo en la comodidad con que recorre los pasillos del Palacio de Computación de Guantánamo, acomoda a los jugadores de un torneo de Dota que empezó por estos días como parte de las actividades del verano y coordina, y al mismo tiempo responde preguntas, peticiones, responsabilidades.

Es un pez en el agua. Un todoterreno de circuitos y lenguajes binarios. El protagonista de una historia que vale la pena contar…

“Yo crecí en el Joven Club de Computación de Calixto García entre Crombet y Emilio Giro, y desde niño soñaba con poder trabajar allí, pero la vida da vueltas y lo que uno quiere no siempre llega tan fácilmente”, así comienza.

Fue un amor no correspondido, y eso que conquistó un puesto en el Politécnico de Informática de Santiago de Cuba luego de ganar un concurso de programación en la secundaria. Pero eran 85 kilómetros, la ciudad ajena y un dinero para viajar que no tenía…

Así llegó el técnico medio en Construcción Civil, y el Servicio Militar, y la Orden 18 para que los mejores muchachos tuvieran su oportunidad universitaria. “Yo opté por la Licenciatura en Lenguas Extranjeras, me gradué y durante cuatro años fui profesor de inglés en Yateras”.

Pero el amor, cuando es bueno, no se abandona. Cambió a una escuela de la ciudad de Guantánamo y en su tiempo libre trabajaba como colaborador sin paga en el Palacio de Computación, esperando la oportunidad en forma de una plaza que por fin le llegó, pero le fue tan esquiva que, bien contada, daría para guión de telenovela.

“Lo importante –me dice- es que aquí estoy”. Y está, como uno de los 242 trabajadores de los Joven Club de Computación que sustentan la promesa de ser, siempre, la computadora de la familia cubana, incluso en estos meses de vacaciones.

“En el verano todo se intensifica. En el Palacio, además de los cursos, los servicios, La Mochila, tenemos la responsabilidad de cuidar a decenas de niños que pasan su tiempo libre con nosotros. Aumenta el trabajo en el terreno, pues con más personas en casa, las computadoras se rompen y las solicitudes de asistencia informática crecen”.

Cuándo descansa, pregunto. Pero se ve que la respuesta es poco y cuando puede, cuando no lo buscan con nombre y apellidos los clientes que una vez atendió con celo y siempre regresan, y lo esperan cuando atiende a otra persona, y vuelven otro día si acaso no está.

“A veces se me unen muchas peticiones, pero lo resuelvo. Trabajo un día sí y al siguiente, descanso; pero en mis días libres “adelanto”, voy al terreno, me supero, lleno papeles”, porque además de instructor C, lo que es y por lo que le pagan, es responsable de la Seguridad y la Salud del Trabajo y Administrador de la Red.

“Un instructor, resume su visión, debe ser alguien a quien siempre puedes acudir, porque está presente y porque sabrá sacarte del apuro o darte la respuesta que necesitas”.

Eso se lo debe al magisterio. Que ninguna pregunta se quede sin réplica. Lleva estudio, advierte, sobre todo en el mundo de la informática, siempre tan cambiante, tan dado a las transformaciones y los saltos tecnológicos.

“Nuestro trabajo es que los usuarios queden complacidos y regresen por nuestros servicios y cursos, sobre todo ahora que debemos pasar al sistema empresarial y autosustentarnos. Si una persona viene con un problema y le decimos que no sabemos cómo resolverlo, simplemente irá a otro sitio, y no volverá”.

El más es su signo. Conocimientos. Responsabilidades. Su nombre entre los mejores –algo que logra, hace dos años, a nivel de Palacio. El más, y lo que todavía no tiene, eso que aún no logra, pero ya llegará algún día, porque no hay nada imposible para quien se esfuerza.

“Puede sonar pretencioso, pero quiero ser el mejor, y eso solo se logra con trabajo, el que me toca y ese otro que llega porque sí, porque alguien necesita que yo lo haga, porque es algo nuevo, no estaba previsto en el contenido de trabajo…, superándome, buscando nuevas metas”.

Es la gasolina de un buen instructor. “Alguien que une el amor por la informática, con el magisterio y las ganas de ayudar a las personas, y lo entrega todo”.

Se ha encontrado a muchos como él, niños, adolescentes con sueños de pasar de usuario a instructor. “Y eso me gusta. Me veo en ellos, pero sé que no es tan sencillo. Te pueden gustar las computadoras, la programación, pero es tu comportamiento con los usuarios la verdadera prueba de fuego”.

Y a eso se aferra. Es lo que le gusta. Lo que ama y seguirá amando. Hasta cuándo, inquiero. “No sé, me responde. Pero por ahora no me veo en otro lugar”.

¿Crees que el Joven Club mantiene esa promesa de ser la computadora de la familia? ¿Que ese lazo que creó y ha enamorado a niños y jóvenes de todas las edades sigue intacto? Provoco.

“Lo creo, a pesar de que el cobro de los servicios, sobre todo de los tiempos de máquina…, ha creado un nuevo escenario. Pero ni siquiera eso nos aleja de la familia, de los niños que hacen colas de mucho tiempo para entrar, de la gente que nos tiene como una opción asequible, segura, y preferida”.

profesor cultura fisicaDelmis es uno de los más de 5 mil 800 profesores que trabajan, por etapas, para llevar el verano hasta los barrios.

Cuadra llena, corazón contento

Me señalan el camino, en el corazón del barrio norte. Allí verás lo soga como cierre de calle y los carteles de Vívelo 2019, el lema escogido para la etapa estival de este año, pero sobre todo, me advierten, el tramo final podrás hacerlo a puro oído.

No hubiera funcionado. El sol guapo de las cuatro de la tarde había dejado salir solo a algunos chiquillos que se entretenían con las suizas, como si calentaran motores para lo que vendría, pero igual llego.

Delmis Alarcón Calderín, licenciado en Cultura Física y responsable del programa sustantivo Actividad física comunitaria, y los profesores de Recreación Física Yordania Sevila y Yusniel Torres –todos del Combinado deportivo Norte-Los Cocos- esperan a la sombra.

Entre los tres, ese día, son los timoneles del área recreativa de Luz Caballero entre 7 y 8 Norte, la concreción más profunda del mandato de hace varios años de llevar el verano a los barrios.

Quien accede a la entrevista, es Delmis. 39 años de pura chispa, santiaguero de nacimiento y vida hasta hace bien poco, cuando el amor lo lanzó al oriente más profundo y le regaló una niña que ahora lleva con él y carga cada tanto, para que no llore; y un amante de la actividad física comunitaria.

“Es lo que hago, durante todo el año. En los meses de clases, en el área de Carlos Manuel entre 3 y 4 Norte, atiendo a un grupo de adultos mayores y contribuyo a mejorar la calidad de vida de personas con enfermedades no transmisibles. Cuando llegan las vacaciones, me sumo a las áreas recreativas, pero siempre manteniendo esa línea”.

Son, en realidad, unos 10 profesores para el área. “Hoy estamos nosotros, porque nos turnamos para descansar un poco a inicios de cada semana, pues se trabaja todos los días en doble sesión, excepto los domingos, que es hasta mediodía”.

El trabajo, no tiene que mencionarlo, es duro. Se lidia con el calor, la falta de sombra, y la responsabilidad mayúscula de entretener y cuidar a decenas de niños y adolescentes que los padres dejan salir con la tranquilidad de los varios pares de ojos dedicados a ellos.

“Es lo que nos toca. Viene con el diploma de graduados, eso de saber que nuestro verano será en los barrios, con los niños, con los ancianos, con todo el que quiera dejarse llevar por el juego. Y yo obtuve mi licenciatura hace 14 años, así que estoy acostumbrado, y también mi familia”, explica.

Juegos, hay para todos los gustos. Los de mesa –menciona parchís, damas, ajedrez, dominó-, un futbolito manual, la soga que ora se salta y más tarde se hala a más no poder; las pelotas que sirven para todo, un par de guantes para “tirar” al aire con los ojos vendados, las suizas…

“Por supuesto, están los de participación, que son los preferidos por los más chicos y hasta por algunos mayores que salen a los portales a hacer de espectadores. Los grandes van más a las pelotas: se entretienen con el fútbol y arman su juego de voleibol hasta bien tarde”, detalla.

Pero las 771 áreas recreativas que funcionan desde julio en los Consejos Populares, van mucho más allá. “No es solo para que los niños se diviertan, es también una manera de que todos, sin importar edad, se ejerciten. Por las mañanas, por ejemplo, convocamos a los adultos mayores, que es mi zona de trabajo fundamental”.

Con ellos, explica, se hacen ejercicios para mejorar la circulación, la movilidad y la calidad de vida. “Y responden. Vienen personas de la cuadra, pero también de las vecinas, ya forman un grupo que se llama, se busca”.

Es la clave del éxito, el secreto de por qué el barrio responde sin remilgos a que les cierren la calle y el asfalto se convierta durante varias horas en terreno de decenas de juegos de la más diversa naturaleza, en un territorio al que te conducen los gritos y las risas inconfundibles de la alegría.

“Nos quieren, sí. Siempre hay personas difíciles, pero en general la cuadra nos apoya, tenemos por ejemplo a Reilis González, que nos hace el favor de guardar los implementos deportivos en su casa, y nos da un poquito de café hoy, un vaso de refresco mañana, agua cuando necesitamos…”.

Es un aprecio mutuo. “Esto es lo que me gusta. Quizás hubiera podido estar en otro sitio, pero la actividad comunitaria te mueve, te motiva. Cuando se hace más tarde y la cuadra se llena de niños, los vecinos de la esquina del siete sacan su mesa de dominó, y los muchachones empiezan a reventar la pelota con los remates, es lo mejor de todo”.

Entonces lo dejo volver al ruedo, donde le espera mucho por hacer. Son poco más de las 5 y el silencio se ha transformado en ese jolgorio anunciado. Me despido, salgo de la cuadra y doblo. Quienes me indicaron cómo llegar, tenían razón: Si quisiera, ahora mismo, podría regresar hasta con los ojos cerrados.

Comentarios   

0 #1 grechy 13-08-2019 13:50
Me encantó, sencillamente bello el trabajo, gracias Lilibet
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0 #2 mariley 13-08-2019 14:47
El amor de los trabajadores de Joven Club por lo que hacemos es incondicional estamos en cada rinconsito del país donde haya un niño, un joven , un abuelito , un niño que tenga necesidades especiales , aunque tengamos subir montañas , cruzar puentes , montar a caballo ahy estamos siguiendo el ejemplo de Fidel nuestro líder porque somos la computadora de la familia .
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