La rehabilitación de redes en el Dabul se ejecuta a un costo que roza el millón de pesos.
La gente quería el agua, y ya la tiene, poderosa, irreverente a alturas y obstáculos; tanto que en los últimos días la noticia entre los vecinos del reparto Mártires de Granada o Dabull, ha sido cómo la presión desarma tuberías y conexiones endebles, esas mismas que antes ni siquiera se inmutaban.
En su casa de la calle 3 entre 2 y 4, Chenil Ordúñez me dice que es verdad que el agua está fuerte y cuenta cómo en su casa se desprendió hasta la tubería del tanque, que está un nivel más arriba.
“No puedo decir que sea responsabilidad de los trabajadores. Para mí todo está bien, claro que he escuchado otras historias de vecinos a quienes en el proceso de picar la calle, sobre todo, se les rompió la acometida, o las tuberías de aguas albañales, pero a nosotros no nos pasó”.
El mayor inconveniente para ella, además de la presión de agua que ahora deberá aprender a domar, es un salidero justo frente a la puerta de su hogar que su hijo -para evitar accidentes y que el paso de los carros termine de romper la tubería recién estrenada- señalizó con una cabilla y un trapo rojo.
Reparto adentro, son otras las voces, las historias y los salideros. A menos de 50 metros, Fulgencio Caraballo dice que el problema no son las tuberías, sino la falta de las llaves de paso que prometieron dar, y las conexiones. “Si usted no regula el agua que entra a su casa, pasan esas cosas”.
Esa es una opinión que se extiende, y “sale” cada vez que pregunto por el servicio, por el agua, por la calidad del trabajo de los operarios que, ese día de las preguntas y respuestas, remoloneaban a la sombra en espera de que les llegara el combustible.
El reclamo es, además, lo justo y lo previsto en la rehabilitación de redes que, a un costo de 911 mil 700 pesos, se acomete en ese reparto, como parte de los trabajos del Acueducto del Este, ejecutado a su vez gracias a un crédito de 20 millones de pesos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
“La idea era instalar las acometidas, que van hasta un metro hacia el interior de las viviendas, y ahí mismo poner los roncol -especie de unión universal para unir dos tuberías- y las llaves de paso, pero no se pudo”, asegura Ricardo Matos Hernández, jefe de Brigada de Redes 1, Guantánamo, de la Unidad Empresarial de Base Mantenimiento y Rehabilitación de Obras Hidráulicas.
No se pudo, me dice ahora, por problemas personales del responsable del almacén de Logística (OSDE de Uso Racional del Agua), quien debía “despachar” esos aditamentos, aunque las informaciones que trascendieron entre los vecinos eran tan dispares y contradictorias que más de uno creyó “oler” el tufo de la justificación que tan bien le viene al desorden.
Razón tenía la vicepresidenta de los Consejos de Estado y de Ministros, Inés María Chapman, cuando en una visita reciente a las inversiones del Acueducto del Este, insistió en que uno de los pasos más importantes en obras de esa magnitud, es informar a las personas de todo, de los costos, de los beneficios, de los procesos.
(Claro que ni siquiera eso nos acerca a comprender cómo es posible que una inversión millonaria y que beneficiará a más de 500 familias puede verse afectada por la suerte de un solo hombre.)
Lo que sí no está previsto, retoma el hilo el jefe de brigada, es ir más allá: entrar con tuberías y fuerzas hasta donde las personas tienen sus conexiones, sus tanques, sus cisternas…, me lo dice porque esa, justamente, es otra de las opiniones más repetidas en ese reparto ubicado al noreste de la ciudad de Guantánamo.
Ramona Rivero Leyva entiende que eso sea lo que expresan los papeles de la inversión, pero igual no le parece justo. “Mi agua estaba bien y ahora no tengo, porque la pusieron solo hasta una parte del garaje, y la cisterna por la que se alimenta la casa está más adentro, a unos siete metros”.
Eddy Sánchez Díaz, vecino como Ramona de 2 entre 7 y 5, dice que lo mismo le ocurrió a su vivienda, aunque él ya hizo una instalación, precaria porque le faltan las conexiones hidráulicas prometidas y la llave de paso, pero que por lo menos garantiza el paso del agua.
“¿Y es verdad que dicen que los trabajadores lo están vendiendo todo, las conexiones, las mangueras, las llaves de paso incluso?” Inquiero después de declaraciones anónimas que llegaron, incluso, hasta las puertas de este semanario.
Ramona hace un ademán para regresar al interior de su casa y Eddy riposta que por lo menos él no le ha comprado nada a nadie. Sí lo ha escuchado, pero si las conexiones les tocan por derecho, él va a esperar.
En la misma dirección, desde una segunda planta a medio construir, Modesta Reyes Gutiérrez dice que eso que nadie quiere suscribir de frente, es verdad.
“Aquí manifestaron que no tenían conexiones ni llaves, pero luego volvieron, hablaron con mi hijo, y les compramos, a ellos mismos, un roncol por 80 pesos”.
Las nuevas construcciones tras los edificios y biplantas dificultan el paso de las máquinas para abrir las zanjas y complejizan la rehabilitación, asegura Rider Moreno.
Otro reclamo duro son los salideros. Incluso en días de pleno sol, en el Mártires de Granada parece siempre como si acabara de llover. El agua aflora en la tierra recién colocada y afea, todavía más, las calles zanjeadas de un reparto que los guantanameros nos acostumbramos a ver limpio, ordenado.
El otro pero de los vecinos es que rompen la calle y no la sellan como se debe o sino, cómo pueden explicar que muchas de esas tuberías ya estén “botando” agua.
Al problema de los salideros, Ríder Moreno Díaz, el jefe de una de las dos cuadrillas de la brigada -16 hombres en total, con un puñado de máquinas-, responde que el ancho de las zanjas no permite apisonar la tierra que, para colmo, la lluvia hunde y cuando pasan los carros rompen las conexiones; tampoco se puede echar hormigón así, sin que la tierra baje primero.
No se sella, además, por el déficit de áridos que desde hace varios meses pone en jaque a las inversiones del territorio. Cemento y acero, aseguran, hay.
Agua al dominó
Dice Ricardo Matos que la obra comenzó el primero de mayo y estaba prevista para terminarse en tres meses, pero varios obstáculos echaron por la borda el propósito, empezando por el déficit de combustible, y pasando por otros inconvenientes como el ya mencionado del almacén de Logística.
Es, asegura, una inversión con todos los hierros. “Así, lo primero que hicimos fue instalar una tubería de 315 milímetros desde “los amarillos” hasta el cruce de la línea del reparto, y la acoplamos a la Conductora Este, que viene desde la Planta Potabilizadora Guaso”.
Luego, empezó la instalación de las redes internas (160 mm y 90 mm) y las acometidas de las casas, con mangueras de media o tres octavos, según la disponibilidad.
En ese punto, frenó el desorden urbanístico. “La mayoría de las biplantas, por ejemplo, tienen las entradas de agua por atrás, pero nosotros tuvimos que poner las acometidas por el frente porque las nuevas construcciones nos impiden pasar”.
Sobre la denuncia de reventa de materiales, Ricardo Matos asegura que, justo por esas opiniones, se trasladó hasta Guantánamo un equipo de la empresa holguinera a la que se subordinan, realizó encuestas y, para salir de dudas, formó a la brigada delante de los vecinos, para que estos identificaran a los infractores.
“Al final, no señalaron a nadie. Todos dicen que fueron personas vestidas con chalecos amarillos -como los que ellos portaban antes del percance- pero imagínese, Redes no es la única empresa que los usa. Fue muy vergonzoso”.
Eso pasa, recalca, por la desinformación. “Porque, por ejemplo, nosotros tuvimos los roncol y las llaves de paso de la inversión hace un par de días, y esas anomalías pasaron supuestamente hace más de una semana”.
Desmiente que haya desorganización. “Las personas ven que tenemos las llaves, pero las entregamos en el orden de las casas en las que se trabajó, empezando por las primeras zonas. Vamos incluso con la intención de instalarlas, si nos lo solicitan”, aclara Matos Hernández.
“Los problemas se hubieran evitado si hubiéramos tenido las llaves para instalarlas al momento, como haremos ahora en esta zona” -me habla desde la calle 7 entre 2 y 4.
Como el salidero frente a la casa de Chenil, hay decenas en las calles del Dabul, afectadas además por los atrasos en el sellaje de las zanjas donde se colocaron las conductoras y redes.
Sobre la calidad, asegura, no han saltado alarmas negativas. No hemos tenido que rehacer nada, hasta ahora. Los salideros por el paso de los carros, se han “cogido” acorde se notifican, y así lo suscribe Juan Alberto Quintana Rojas, supervisor de la UEB Guantánamo de la Empresa de Servicios Ingenieros Hidráulicos, que administra la obra.
Al margen de cualquier crítica, reconoce el supervisor, en el Dabull se ejecutaron -hasta julio- 761 miles de pesos, suficientes para instalar 4,2 kilómetros de tuberías de un plan de 7.3, y beneficiar a casi 460 familias del total de 732 que prevé el proyecto.
“Es una población que tendrá -ya tiene- agua con más presión, tratada y, por tanto, de mayor calidad que la que recibían por la conductora ZINA (Zona Industrial No Alimentaria)”, reconoce el funcionario e informa que, en septiembre, iniciará la última parte de la inversión en esa zona, con la instalación de hidrómetros.
Paulino Galano Furones, delegado de la circunscripción número 4 desde hace un cuarto de siglo, reconoce entre las críticas enumeradas antes, muchas de las opiniones que han llegado a sus oídos, aunque -insiste en aclarar- no le consta que sea cierto eso de que se revenden los materiales.
Tiene, además, otras preocupaciones: algunos pobladores cuyas viviendas no están legalizadas -algo que, según los funcionarios de la inversión no será un problema, pues el agua se pondrá en todas las casas habitadas del reparto- y varios cuentapropistas que, ya hecho su contrato con Acueductos y Alcantarillados, hace una semana todavía estaban esperando las instalaciones en sus puestos de venta, como Carelia Bonarot Rondón, dueña de El Universitario.
“Lo que sí le puedo asegurar es que, al margen de las opiniones y las expectativas que no siempre se cumplen en su totalidad, y se lo digo desde mis años de experiencia como funcionario del Poder Popular, el sentimiento más extendido entre los electores es de agradecimiento”, opina Galano Furones.
Claro que la última palabra sobre esta obra que, según el cronograma ejecutivo debe entregarse el próximo 31 de septiembre, la tiene el pueblo.
La entrada tardía de los roncoles y las llaves de paso es uno de las principales quejas de la población. Este de la foto es uno comprado “por la izquierda”, asegura Modesta.
Comentarios
(A no ser que sea para significar el nunca acabar, Septiembre tiene solo 30 días).
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