2En la calle Máximo Gómez, entre Carretera y Donato Mármol, un portal se convierte cada mes de abril en escenario de un suceso que detiene a los transeúntes. Algunos sonríen y siguen su camino, otros se quedan mirando; todos, sin excepción, comparten un gesto común: la ternura en la mirada.

Lo que para un observador distraído pudiera parecer un matutino cualquiera, es en realidad la celebración de la escuela especial Héroes del Moncada dedicada cada mañana a estimular el talento y la alegría de sus niños. 

Son los maestros y algunos invitados quienes preparan y presentan la fiesta a niños con necesidades educativas especiales, debido a condiciones como el autismo, síndrome de Down y situación de discapacidad intelectual leve y moderada. 

Sobre alfombras de tela multicolor, más de una decena de pequeños esperan expectantes. Unos permanecen tranquilos, otros inquietos; uno estira sus manos para alcanzar los globos de la decoración, mientras una niña se sobresalta al sonar la música y sus ojos se llenan de lágrimas.

Son impredecibles, distintos, especiales. Minutos después, la misma niña sonríe al ver a su “seño” Ailime Semat Gabely, logopeda y guía base, vestida como personaje. Antes la llamaban Mari Ada, hoy es Maribeja, con alas de mariposa pintadas de amarillo y negro como las de una abeja. 

Ella los conduce con paciencia y alegría, enseñándoles a recibir cada presentación con una lluvia de aplausos que crece en intensidad. La mayoría de las educadoras y trabajadores del centro visten de azul: como las pañoletas pioneriles, como las tres listas del poema que declama uno de los pequeños, como el cielo de esta mañana.

Ese color también recuerda que en abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, jornada que busca reconocer y celebrar los derechos de las personas con esta condición. 

Cada sonrisa, cada aplauso, cada exclamación es un logro. Para cualquier otro niño podría parecer normal; para quienes conocen sus necesidades especiales, es fruto de un esfuerzo compartido entre familia, escuela y comunidad. 

La fiesta se expande al otro extremo del portal. Una mesa repleta de libros anuncia la expoventa organizada por la librería Ateneo Asdrúbal López de la ciudad de Guantánamo. Los niños repiten: “es una fiesta”, porque además en este mes se celebra el Día Internacional del Libro Infantil, instaurado en 1967 en honor al natalicio de Hans Christian Andersen, autor de libros como El patito feo y La sirenita, y su  propósito es fomentar la lectura y recordar que los libros abren mundos de imaginación y valores. 

En ese espíritu, la escritora guantanamera Yusbelis Martí presenta a los pequeños "La increíble historia de los increíbles pies de la señora Flora", del autor cubano Nelson Simón. Sentada en un cojín, revive la historia con paciencia y sensibilidad, sacándola de las páginas para ponerla frente a los ojos atentos de su público.

No se detiene en detalles accesorios: su narración se centra en el mensaje esencial, que incluso las personas diferentes tienen valor y son importantes. Con empatía, les muestra que el amor y la amistad no miran defectos, sino que se iluminan con ellos. 

Al concluir, cada niño recibe un libro como obsequio, cortesía de “la señora Flora” y del Centro Provincial del Libro en Guantánamo. Es un recordatorio tangible de la enseñanza compartida: que la diferencia no resta, sino que suma; que la ternura, la comprensión y la inclusión son las verdaderas páginas que se escriben en esta escuela especial.

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