IMG 20260606 WA0005Al niño de la foto si no lo conociera bien diría que tiene las respuestas ensayadas, pero nada más alejado de la verdad. Con sus siete años de edad habla desde la emoción y el sentimiento; desde la satisfacción de vivir en casa nueva y “diferente a las demás”.

Víctor Ángel Rodríguez Lobaina, el niño de esta historia, a quien conocí en 2023 durante otro trabajo periodístico, fue beneficiado junto a su madre con una de las 17 viviendas-contenedores entregadas hace poco más de dos meses en la barriada conocida como Cabaña de Mariano, al oeste de la ciudad de Guantánamo.

Es minusválido, nació con una malformación congénita que indujo la amputación de su pierna derecha y desde entonces una prótesis no le impide desarrollarse en armonía con sus amigos, jugar y ganarse un espacio social, en tal medida, que sus colegas de aventuras vaticinan será “el presidente de los muchachos” -dice y sonríe.

Su nuevo hogar es de esas casas surgidas de los contenedores marítimos donde se transportó la tecnología para la construcción de parques solares fotovoltaicos y al quedar disponibles se convirtieron en viviendas para damnificados.

Tema polémico fue este con opiniones encontradas que inundaron los espacios comunicacionales físicos y virtuales. Por eso al cabo de dos meses salimos curiosos a ver qué tal han resultado.

Con la alegría saltándole a los ojos Víctor nos invitó a entrar a su vivienda, la número 7, al tiempo que anuncia a la madre la visita de los reporteros.

-¿Y cómo te va en la nueva casita? Suelto la pregunta y responde con una exclamación mientras se mueve, inquieto, de un lado para otro, -¡Ooooh, muy bien! “Es un regalo. Tengo un cuarto para mí solo, no se moja, no entra agua por la ventana y no se mueve el techo”.

IMG 20260606 WA0002Corre hacia la casa e invita a seguirlo. Sorprende con la visita a la madre, Osneivi Lobaina, quien apenada se excusa por el “reguero organizado” que Víctor tiene en su pieza de dormir.

-Me gusta el barrio -dice el niño como adivinando las preguntas que le haría. -Es tranquilo, tengo amigos nuevos, aunque extraño a los otros. “Ahora hay que sembrar árboles para que den sombra. Aunque tenemos cerca matas de tamarindo que recogemos”, fruto que muestra mientras brinda par de vainas de la ácida fruta y corre hacia la acera donde lo llama y espera un “colega de juegos”.

IMG 20260606 WA0004La madre, con mirada dulce, pero no protectora, lo ve salir. Nunca lo ha sobreprotegido en los juegos por causa de su discapacidad, pero ahora está más confiada, porque en la manera en que están alineadas las casas contenedores, con cierta separación entre ellas y el trazado de las calles, no hay peligro alguno en las aceras.

IMG 20260606 WA0003-“Estoy contenta con mi casa”, dice sin esperar preguntas y explica: “Tiene dos habitaciones, una cocina, una pequeña sala, baño sanitario, un patio con lavadero. Víctor y yo para sentirnos cómodos. “Cuando me dijeron que me darían este tipo de casa y comencé a escuchar criterios negativos de la gente, lo primero que hice fue preguntar cómo sería por dentro, preocupada porque los contenedores son cajas de metal. Busqué orientación y también acudí a Internet interesada en saber acerca de las características de esas viviendas.

“Leí que en muchos países es una alternativa que se pone en práctica, tanto para familias como para residencias de estudiantes universitarios. Existe diferencia en el diseño y estructura, unas mejores y más lindas que otras, depende del tipo y el costo de las transformaciones que se les realicen.

“Pero con lo que leí cambió mi manera de pensar y esperé que me tocara la mía, pues la vida de evacuado no es fácil, no hay como tener lo de uno. En la antigua casita ya era imposible seguir. Ahora que tengo esta no me quejo, agradezco”. Añade: “Entre las tantas opiniones negativas se referían al calor interior, por ser una caja de metal la suponían un horno por la radiación solar que recibe, pero el calor es el normal en esta tierra oriental y que puede sentirse también en otro tipo de vivienda.

“Fíjense que las paredes están aisladas del metal con una plancha de cartón, y en el techo hay una segunda cubierta con espacio intermedio para la ventilación, así disminuye la posible transmisión de calor. Más bien en las noches y madrugadas se siente temperatura fresca.

En esto también influye el lugar donde está la comunidad”. Y hablando de comunidad ¿qué tal elentorno y los vecinos? -pregunto. “Somos unas 43 personas -dice mientras revisa una libreta en la que, al parecer, se registran datos de los habitantes por casa. Me confiaron la responsabilidad de organizar y atender la Federación de Mujeres Cubanas aquí y en eso estamos ahora”, hace la observación.

“Esta es una zona en la que el transporte no es un serio problema, pues como verán es la vía a la Terminal de ómnibus, claro en estos momentos por la situación del combustible se dificulta moverse a cualquier punto de la ciudad, pero en tiempos normales no creo que sea un problema.

“Lo que si nos preocupa, y sé que por ahora no tendrá solución, repito por la crisis energética, es el alumbrado público. Al menos una o dos luminarias se necesitan en la comunidad. También nos preocupa el ciclo de distribución del agua, cada 10 días, es mucho tiempo.

“No obstante, como alternativa hay una manguera a unos 20 o 30 metros de aquí, de la que nos servimos si necesitamos el líquido. Pero hay que trabajar por mejorar el servicio.

“Por otra parte nos toca contribuir a ornamentar el sitio con más jardinería, con árboles para sombra, a pesar de que todavía a quienes reniegan y critican por cosas y detalles que quedaron pendientes y que sin dudas hay que resolver.

“Lo más importante, para mí, es que tengo donde vivir, lo demás espero se resuelva poco a poco. “Y no es que sea conformista, sino agradecida. Solo el que ha sentido el peligro latente de que un pedazo de techo te caiga encima o a tu hijo y no pueda amanecer al día siguiente, entenderá que dormir tranquila en una casa contenedor como esta, no tiene precio”. Fue concluyente.

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