Hay imágenes que valen más que mil palabras, y esta que vi hoy, en redes sociales con su escueto pero profundo mensaje —“Donde sonrían al verte llegar, ahí es”—, es una de ellas.
Y es que no hace falta un gran despliegue gráfico para recordarnos algo tan esencial: el ser humano necesita sentirse bienvenido, y nada logra eso mejor que una sonrisa genuina y un trato cortés.
Quienes hemos crecido en esta tierra sabemos que el cubano es, por naturaleza buena gente, o suele serlo. Y en eso influye mucho su educación, esa que se inculca desde la casa, que es el cimiento de una convivencia armoniosa. En ese primer hogar, en el trato con los nuestros, es donde aprendemos que una sonrisa y un saludo amable no cuestan nada, pero valen todo.
Sin embargo, en el ajetreo de la vida cotidiana, a veces olvidamos esta máxima. En los negocios, en el comercio, en los servicios, la prisa y el mal humor parecen ganar terreno. Se nos olvida que el cliente, el vecino, el amigo que llega donde estamos no busca solo un producto o un servicio: busca ser atendido como persona, busca sentirse bien.
Sabemos de los tiempos difíciles que corren pero el refranero cubano nos aconseja con sabiduría: “A mal tiempo, buena cara”.
¡Un gesto amable nunca están de más!.
Con buena disposición se encuentran mejor las soluciones, se despejan las dudas y se halla el camino.
Y no se trata solo de los negocios. La buena educación y la atención al prójimo son valores que deben impregnar todos los ámbitos de la vida.
En la familia, en el barrio, en la calle, en el centro de trabajo. La experiencia nos enseña que el que trata bien, bien recibe, y el que siembra amabilidad, cosecha gratitud.
La imagen que inspira esta reflexión nos invita a preguntarnos: ¿sonríen al verme llegar en el lugar donde compro?, ¿en el sitio donde trabajo?, ¿en mi propia casa? Si la respuesta es no, quizás sea hora de cambiar el rumbo o detenernos y preguntar ¿qué está mal?
Que el mensaje de esta imagen no sea solo una frase bonita, sino un llamado a recuperar esa esencia cubana de la calidez, la cortesía y el respeto.
Que en cada negocio, en cada hogar, en cada rincón de Guantánamo, recordemos que “donde sonrían al verte llegar, ahí es”. Y trabajemos para que ese “ahí” sea cada vez en más lugares de nuestra provincia.




