Baitiquirí es una comunidad del municipio de San Antonio del Sur, asentada en las márgenes de la carretera Guantánamo-Baracoa. Justo después del poblado de Los Naranjos y del famoso Bate-Bate, tramo sotero del vial, el poblado tiene el mérito de estar enclavado en el corredor biológico que usan muchas especies de aves en periodo migratorio.
Más de 700 personas conviven en el lugar, de escasa flora y fauna típica del clima semidesértico. En ese entorno se vive desafiando dificultades económicas, naturales y sociales, pese a lo cual desde hace dos años un proyecto apuesta por convertir la localidad suereña en sitio de referencia para la provincia y el país.
Muestra de piezas hechas con desechos. Abanicos con cucharas de plástico, muñecos con tela sobrante, flores con pomos y tallados artesanales realizados con madera flotada del mar.
Se hace llamar Volando al Sur, porque primariamente nació con la idea de proteger las aves nativas y migratorias de la caza indiscriminada; sin embargo, el tiempo, la investigación científica y la aceptación popular hicieron crecer la iniciativa hasta el punto de englobar otros problemas, intereses y potencialidades para construir un futuro mejor.
Laboratorio sociocultural
Dice José Samón Frómeta, especialista de artes plásticas, que Baitiquirí es una suerte de laboratorio experimental de iniciativas socioculturales, sobre todo de corte ambientalista. José, quien funge como coordinador de Volando al Sur, junto a Amado Legrá, trabajador de Flora y Fauna, explica que para gestar la iniciativa se nutrieron de dos experiencias precedentes: Sin trampas en la flor y Rumbo sur, que pretendían contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de allí.
“De ahí nació la idea de nuestro proyecto –agrega Samón Frómeta-, que busca fortalecer valores a partir de espacios culturales cuyo contenido aborde saberes sobre el cuidado de la madre tierra y el enfrentamiento al calentamiento global, a tono con la Tarea Vida. Pero la iniciativa ha ido más allá, pues el arte se ha imbricado en la cotidianidad, no solo como elemento recreativo, sino también como fuente generadora de participación, equidad social y trabajo con enfoque de género”.
José Samón Frómeta, coordinador del proyecto.
Interesante resulta asimismo el grado de movilización que se ha logrado en la zona, con el apoyo incondicional de más de 30 instituciones (Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, el Centro de Aplicaciones Tecnológicas para el Desarrollo Sostenible, la Empresa de Flora y Fauna, la Forestal, Deporte, Cultura, los Comités de Defensa de la Revolución, Cuerpo de Guardabosques, Educación, Salud, la Federación, los campesinos…).
De hecho prácticamente todos en la comunidad toman partido en las actividades: carteles, parcelas (para el autoabastecimiento), jardines, señaléticas, adornos en los hogares… dan testimonio del impacto del proyecto en su entorno.
Noelia Frómeta Matos, vecina del lugar, asegura que Volando… para los adultos mayores ha significado la reinserción activa en la sociedad. Ella desde que comenzó se ha dedicado a mostrar sus conocimientos del arte culinario, y hasta ha obtenido premios en concursos locales.
“Ahora junto a más de una docena de hombres y mujeres me dedico a recolectar semillas del árbol del nim, pues contamos con una mini fábrica que les extrae aceite y produce insecticida orgánico para la agricultura”, añade.
Gudelia García Charlot, (Muñeca), es otra de las beneficiarias de la iniciativa comunitaria. Para ella ha sido una oportunidad de realización personal y profesional luego de jubilarse como brigadista de Cruz Roja.
“Me siento realizada, me dedico a socializar la importancia del uso de la medicina verde como alternativa para estos tiempos de escasez de fármacos. La gente apenas se enferma, y si lo hace ahí estamos Gudelia y las yerberas que hemos hecho alianzas para ayudar a quien lo necesite”.
Y es que aquí se ha demostrado que el arte sí cura el cuerpo y el alma, Ramona Carcassés Gamboa es testigo. Como miembro del grupo de teatro comunitario ha visto cuánto ha cambiado la población, que a través de obras artísticas ha entendido cómo disminuir el consumo de alcohol, cigarro y otros vicios, así como los índices de embarazo adolescente.
“Somos ocho artistas aficionados, pero involucramos a nuestros hijos y familiares porque tocamos temas en los que todos estamos implicados: el empoderamiento de la mujer rural, la prevención de incendios forestales, protección de especies en peligro de extinción, y los abordamos con toques de humor, para reflexionar y divertir. Esto ha sido lo mejor, en especial para mi salud, porque yo soy epiléptica y aprecio que las crisis me dan con menor frecuencia”, asegura.
La tropa incansable
Dicen los residentes en Baitiquirí que, aún la COVID-19 no había llegado a la provincia y ya ellos estaban cantando, bailando, pintando, y contando historias al respecto: sobre el peligro que significaba, las medidas para protegerse del coronavirus, las personas vulnerables… de hecho apenas se reportaron los primeros casos en el país, parte de los pobladores fue al consultorio para ayudar al equipo básico de Salud en las pesquisas.
Con cuaderno en mano, lápiz, nasobuco, y algún medio de desinfección, se lanzaron a pie por los alrededores bajo el intenso sol (que allí ya es costumbre) y por tres meses velaron la posible aparición del SARS-COV-2. La mayoría de los pesquisadores habían sido convocados por el equipo líder de Volando al Sur, que no podía mantenerse ajeno al llamado de la Revolución.
La batalla frente al enemigo invisible, se suma a las tantas luchas que se libran a diario en esta zona costera contra la pesca furtiva, los micro-vertederos, la caza indiscriminada, el vertimiento de desechos en la bahía, la tala de árboles.
Según Yamila Hinojosa Estévez, directora de la unidad local de Flora y Fauna, gracias al proyecto, la comunidad se interesa más por el medioambiente y ayuda a los 48 trabajadores, vigilantes y educadoras de la entidad. Como resultado de la colaboración con los ciudadanos se tienen 18 círculos de interés (desde Tortuguilla hasta Oquendo) donde los niños aprenden a amar la naturaleza mediante excursiones y labores de saneamiento y transmiten ese sentimiento a la familia.
El delfín y el pulpo, la contaminación marina transformada en fino ornamento.
“Además hemos visto que mediante artesanías, poesías, dibujos en las escuela, cuentos, poemas de pescadores y relatos, así como otras creaciones de los adultos se entiende mejor cómo proteger desde el sur de Cuba el ecosistema marino, costero, áereo y a los pelícanos, flamencos, gaviotas, el cabrerito (especie endémica). Hasta hay un grupo que sensibiliza sobre los cactus”, subraya Maryelis Mariño Estévez, especialista de Fauna.
La siembra y resiembra de manglares como barreras naturales, es también un logro significativo de la tropa sureña, que igualmente a partir de la recolección de desechos en el barrio y en los litorales ha creado un sistema eficaz de aprovechamiento de la materia prima. Pomos, telas, maderas (flotadas e incluso traídas de los bosques para evitar incendios) son transformadas en verdaderas obras de arte.
Luis Manuel Samón Utria, coordinador de la zona 7, circunscripción 6, resalta la utilidad y el impacto económico de la recuperación de materias primas en los alrededores, pues se estima que en estos dos años más de 9 mil 600 kg de plásticos se han retirado de las playas y la bahía; y lo mejor es que se ha garantizado el empleo de ocho personas que, a diario, se dedican a acopiar los desechos.
Al Sur, un punto de referencia
Agasajados en constantes ocasiones por las autoridades del municipio, así como representantes provinciales del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Volando al Sur es considerado hoy un proyecto de relevancia en torno al uso del proceso creativo como espacio de generación de saberes y destrezas resilientes dignas de generalizarse en otras zonas de la provincia y el país.
De hecho, este colectivo fue escogido en Guantánamo para representarnos en el Taller Regional de Intercambio de Experiencias convocado por el Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria, la Dirección de Cultura Comunitaria de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el Consejo Nacional de Casas de Cultura para el intercambio teórico-metodológico-práctico. Allí explicarán la fórmula secreta para incorporar la dimensión cultural en el desarrollo y transformación de la sociedad.











































