marti2José Martí no solo estuvo físicamente en Guantánamo, la villa oriental fue y es un punto estratégico en la circulación de sus ideas, en la difusión de su obra y en la apropiación popular de su pensamiento.

El Apóstol entendió a Cuba como una síntesis de culturas originarias, herencias y resistencias, una idea que dialoga de manera directa con el Oriente del país, donde la raíz aborigen se manifiesta con mayor fuerza en la memoria histórica y cultural.

Guantánamo, como territorio de confluencias, encarna esa visión martiana de nación mestiza, diversa y profundamente americana.

La relación concreta entre Martí y Guantánamo se documenta también, de manera especial a través de La Edad de Oro, la revista destinada a los niños de América. Los primeros ejemplares que entraron a Cuba lo hicieron precisamente por Guantánamo.

Un paquete con veinte números del primer ejemplar llegó a la villa oriental, donde fue recibido y distribuido desde la Sociedad del Centro La Luz, ubicada en el edificio de dos plantas de la actual calle Calixto García esquina a Emilio Giró.

La historiadora Irma Pérez Odio identifica a La Luz como una institución cultural de marcado espíritu patriótico y foco conspirativo de los revolucionarios guantanameros. Desde ese espacio se articuló la distribución de la revista hacia otros pueblos del oriente cubano, lo que confirma el papel de Guantánamo como nodo cultural y político en la Cuba de fines del siglo XIX.

El patriota santiaguero Amador Esteva, radicado en Guantánamo, integró el grupo fundador de la sociedad y mantuvo una relación de amistad con Martí. Tras recibir una carta del propio Maestro, no dudó en contribuir a la promoción y circulación de La Edad de Oro dentro del país.

Martí concibió esa tarea como una “empresa del corazón y no de mero negocio”, definición que resume su ética revolucionaria y su visión pedagógica.

De cuando pisó nuestras tierras

Después de años de preparación en el exilio y de organizar la nueva guerra desde el Partido Revolucionario Cubano en Estados Unidos, Martí regresó a Cuba junto al general Máximo Gómez y otros patriotas en abril de 1895. La expedición desembarcó el 11 de abril de 1895 en las Playitas de Cajobabo, un paraje remoto de la costa sur de la antigua provincia de Oriente que hoy pertenece a la provincia de Guantánamo.

Este fue un momento histórico en el que el escritor, pensador y organizador de la independencia pisó suelo guantanamero como hombre de acción: ya no solo como ideólogo de la libertad, sino como combatiente más entre los mambises que empezaban la campaña armada contra la dominación colonial española

Su presencia en Guantánamo no fue solo un paso logístico, sino parte de una intensa labor de dirección política y militar desde esa misma zona oriental. Aquí escribió a sus compañeros, organizó comunicaciones y orientó la estrategia mambisa.

La ruta del Apóstol continuó desde Guantánamo hacia el centro de Oriente: su presencia material se prolongó hasta que el Ejército Libertador avanzó y finalmente, el 19 de mayo de 1895 cayó en combate en Dos Ríos.

Más…

La presencia de Martí en Guantánamo igualmente se expresa en uno de los símbolos culturales más universales de Cuba: La Guantanamera.

La popular guajira, identificada mundialmente como emblema nacional, incorpora las primeras estrofas de los Versos Sencillos del Apóstol, lo que convierte al poeta en coautor espiritual de la obra. El músico Julián Orbón, cercano al grupo Orígenes, tuvo la sensibilidad de integrar los poemas I, V y VIII de los Versos Sencillos a la melodía, gesto que consolidó el vínculo entre la canción y el ideario martiano.

Musicólogos y estudiosos coinciden en que esa unión permitió que el pensamiento de Martí trascendiera el libro para insertarse en la tradición oral y musical del pueblo. Los versos alcanzaron proyección internacional cuando el trovador estadounidense Pete Seeger los interpretó en inglés durante su presentación en el Carnegie Hall de Nueva York, el 8 de junio de 1961.

Durante la década del cincuenta, Joseíto Fernández visitó Guantánamo y fue recibido por los compositores locales Luis Morlote y Rafael Inciarte. Ambos reconocieron la moldeabilidad de la estructura musical y la fuerza simbólica de los versos martianos, cualidades que facilitaron su adaptación a diversos géneros y estilos.

Guantánamo conserva la impronta de Martí no solo en archivos y anécdotas, sino en prácticas culturales, símbolos musicales y proyectos educativos.

En Guantánamo, el paso de Martí se simboliza también en espacios públicos, memoria colectiva y prácticas culturales que rescatan su pensamiento. El Parque José Martí, con su estatua y su presencia simbólica en el corazón urbano, recuerda hoy la presencia de un hombre que llevó la idea de la libertad desde sus primeras letras hasta sus últimos pasos.

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