La declaración del son como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad marcó un antes y un después en la historia musical de Cuba. Para Grettel Pozo Ubals, licenciada en derecho y maestrante en Gestión del Patrimonio Histórico Documental de la Música, este reconocimiento es también un reflejo de su propia trayectoria como cultora de la música tradicional.

1 gretelGrettel Pozo“¡Imagínate! Los cubanos somos soneros por naturaleza, caminamos con la cadencia misma del son. Considero que es el género musical con más mutaciones hacia otros y que tiene un papel fundamental para la cultura latina, porque gracias a él surgió la salsa, un producto que tiene como base al son cubano.

“Como cultora de música tradicional, la práctica del son, que es lo que se está reconociendo, es la confirmación de la riqueza y valía de nuestra raíz musical, que ha perdurado centenariamente y eso sin dudas, me llena de muchísimo orgullo”, afirma Pozo Ubals.

Esta alegría se extiende más allá de lo personal y alcanza a toda la nación. Grettel reconoce que el impacto es positivo para una isla que ya cuenta con patrimonios inmateriales como la Tumba Francesa o la Rumba.

2grteGrettel habla de la defensa de lo tradicional con la experiencia de ser parte del grupo changüisero Sincopa 1, defensor del género.“Se está reconociendo primeramente que existe un son cubano, porque otras islas del Caribe y en Latinoamérica e incluso España, tienen sus formas de son, como el son jarocho de México. Ahora bien, me preguntas por Guantánamo en particular y ahí respondo que es aquí donde nació el son cubano porque es en sus montañas, donde se encuentra la forma más primigenia de expresarlo: el nengón baracoense, que es mucho más lento en cadencia que el realizado en el Cauto.

“En el pasado siglo, investigadores musicales se inclinaron más por las zonas granmense y de la Sierra Maestra como las más importantes para el surgimiento, pero los mismos cultores del Cauto afirman que su proceso fue posterior al baracoense y que existe un eslabón perdido en ese engranaje. No obstante si hablamos de ‘cuna’, debería ser Oriente, porque en cada provincia del territorio se dieron procesos medulares para su cristalización posterior”.

La trascendencia del reconocimiento, sin embargo, no garantiza por sí sola la preservación de la tradición. Grettel advierte que depende del grado de implicación que se le otorgue.

“Porque en la práctica, el son cubano es consumido en gran medida por el público foráneo. Le preguntas a los jóvenes por Miguel Matamoros e Ignacio Piñeiro (de los más representativos exponentes) y casi que la mayoría no los conoce.

“Ya es un hecho que su práctica fue declarada patrimonio de la humanidad, ahora nos toca como nación y especialmente a las instituciones culturales, preservar esa memoria histórica que fundamenta a esa profunda raíz sonera.” Su reflexión pone sobre la mesa la necesidad de un compromiso real, más allá de la etiqueta patrimonial. Ese compromiso, según ella, aún es insuficiente.

“Considero que se ha protegido un pequeño segmento de ese patrimonio y dentro de ese pequeño segmento, han entrado aquellos etiquetados en el mercado global.

31fNengón de Imías, 70 años de tradición.“Aún existe muchísima tradición sonera que no ha sido recogida en un fonograma y un ejemplo muy claro es el Nengón de Imías, con 70 años de fundado y un octogenario Arismeldo Pérez Matos, quien procede de una familia nengonera con 150 años de tradición.

“Si analizamos bien, perfectamente este grupo entra dentro de la tradición sonera, pues en las montañas se dan los soncitos corridos a los que los guantanameros llaman géneros como el aeroplano, la guanajá, la miel con ñame, etc., pero que los académicos denominan intergéneros.

“El elemento fundamental que caracteriza al guantanamero es el son montuno, ese que se toca en el monte más profundo. De hecho, en la salsa, la timba y otros géneros existe un “opcional” denominado “llamada al montuno”. ¿De dónde crees que sale esa voz? El monte, ojo, y no el campo como suele denominarse. El MONTE como tiene unos colores y sabores maravillosos, auténticos, raigales, una explosión de alegría y emociones intensas.

“Eso ha aportado Guantánamo, el sabor raigal sustentado en la célula fundamental del son que procede de nuestras formas nengónicas y los intergéneros o soncitos corridos. Deberíamos ser más conscientes de que hemos aportado la semilla de un gran proceso identitario.

“Sea como sea, si no se graba prontamente al cultor Pérez Matos, el leloley característico en su particular forma del canto, sin dudas se perderá de manera parcial, porque al menos ha sido recogido a iniciativa casera, pero ese no es el asunto, el asunto es que él constituye una de esas columnas de sabiduría popular a las que debemos preservar. Que se recojan esas tradiciones orales en partituras y que las editoriales la pongan a consideración asequible al pueblo, para que este las conozca.”

La política cultural, en su opinión, ha sido determinante en la manera en que se ha manejado este reconocimiento.

“Todo lo rige una política cultural, y aunque sí existen muchas personas preocupadas y ocupadas en tratar de preservarlo, en su forma más pura como tal, no lo está para nada.

“Pienso que debieran existir especialistas en la industria musical mejor preparados y con conocimientos profundos de nuestras tradiciones musicales, todavía se tiene muchísimo desconocimiento y esto lo afirmo con todo respeto desde la posición de cultora, que observa una preferencia por géneros foráneos que aunque se han cubanizado, siguen con base extranjera”.

Las palabras de Gretel reflejan la tensión entre la autenticidad y las exigencias de la industria musical. Ella defiende que el son no ha perdido su esencia. Esa que han preservado grandes como Conchita Bravo; Lilí Martínez; Peruchín; el trovador Rigoberto Maduro, “El zurdo maravilloso”, fundador del Cuarteto Patria; el guantamanero Rafael Inciarte que toca clarinete en el grupo de Compay Segundo; Eliades Ochoa, la tresera Yarima Blanco y muchos más.

“No creo que se haya perdido en su versión más auténtica porque están los cultores de El Güirito que siguen la tradición como le enseñaron sus ancestros. Está en el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, tan genuino como el primer día o uno más ‘reciente’ que se ha levantado como estandarte del género que es el Septeto Santiaguero.

“Claro, estos dos últimos grupos han tenido que hacer arreglos más actuales sin perder esas esencias donde confluyan la tradición y modernidad porque todo se debe a una industria musical que debe ser sustentable dado al consumo global. Pero esa misma simbiosis armoniosa atrae a nuevas generaciones que una vez interesada por el género, no dejarán que caiga en el olvido”, concluye.

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