images 1Cada 4 de julio se celebra el Día Mundial del Ebook o Libro Electrónico. La fecha no es casual: en 1971, el estudiante Michael Hart transcribió la Declaración de Independencia de Estados Unidos en formato digital, creando sin saberlo el primer ebook de la historia.

De aquel gesto nació el Proyecto Gutenberg, la primera biblioteca digital gratuita del mundo. Así nació internacionalmente una efeméride que busca, sobre todo, fomentar la lectura digital.

Más de cinco décadas después de aquellos sucesos nadie duda que el ebook ha pasado de ser una rareza tecnológica a una herramienta cotidiana que transforma la industria editorial a nivel global.

Su existencia ha democratizado el acceso al conocimiento de una manera sin precedentes, al permitir leer en cualquier dispositivo, e incorporar elementos multimedia, índices interactivos y diversas propuestas para disfrutar cada capítulos de novela, ensayo, obra de teatro..., etc.

El ebook es, además, respetuoso con el medio ambiente y se compra y descarga al instante. Los lectores digitales son más intensivos: según datos de la Federación de Gremios de Editores de España se leen una media de 13,2 libros al año, frente a 11 de los lectores de papel. Este formato no ha venido a sustituir al papel, sino a complementarlo, abriendo puertas a quienes no tienen acceso físico a librerías o bibliotecas.

Hoy, existen plataformas con más de un millón de ebooks, audiolibros y videos disponibles, pero esa abundancia contrasta brutalmente con las realidades de regiones donde el acceso a Internet y a dispositivos electrónicos sigue siendo un privilegio.

En Cuba, por ejemplo, la inserción en este entorno no ha sido en igualdad de condiciones en el ecosistema global del libro electrónico. La brecha tecnológica, agravada por el bloqueo estadounidense y las crisis internas complejizan este fenómeno.

Igualmente, persiste cierta resistencia al libro digital, vista como una experiencia nueva que exige resolver complejidades tecnológicas y el justo pago por derecho de autor.

Sin embargo hoy, cuando el costo del papel se ha multiplicado escandalosamente desde 2011, el libro electrónico no es una alternativa, sino una necesidad estratégica para la supervivencia del ecosistema editorial.

Precisamente, la 34 edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, que se celebrará del 10 al 16 de agosto, con Rusia como país invitado de honor y dedicada al centenario de Fidel Castro, prevé dentro de sus novedades la distribución de unos cuatro millones de ejemplares, de ellos 3 mil títulos digitales, manteniéndose espacios como Cubadigital, entre las vías para estimular el uso de estas plataformas.

La feria llegará a todas las provincias hasta el 6 de septiembre, convirtiéndose en el escenario perfecto para repensar cómo acercar los ebooks a la familia cubana. No basta con tener el formato; hay que hacerlo deseable y accesible en un contexto de limitaciones.

Para lograrlo, urgen más propuestas creativas que integren el formato a la experiencia familiar. Ideas como la creación de un "Pasaporte Digital" para niños y jóvenes que, al visitar diferentes stands y completar actividades interactivas en dispositivos con ebooks, obtenga sellos y premios.

La habilitación de zonas tranquilas y especializadas denominadas "Esquinas de Lectura Digital" con tablets y lectores electrónicos donde las familias exploren títulos digitales de forma gratuita, con monitores que expliquen las ventajas del formato.

También resultarían muy útiles talleres de "Creación de tu primer ebook" para que padres e hijos aprendan a maquetar un libro digital sencillo, desmitificando su elaboración y formación vocacional al respecto.

Y también, recuperar y socializar el Sistema de "Biblioteca digital pública" mediante códigos QR que permitan descargar muestras gratuitas en los teléfonos móviles -el dispositivo de lectura más común en Cuba-, saltando la barrera de la falta de lectores electrónicos en el ámbito literario cubano.

Para hacer atractivas las presentaciones de estos libros en la feria se pueden incorporar elementos de realidad aumentada, incluir enlaces a entrevistas con el autor, versiones narradas o foros de debate integrados enriquecería la experiencia. Adaptar los clásicos a fragmentos interactivos con hipervínculos y recursos visuales puede atraer a los jóvenes nativos digitales. Y, sobre todo, se debe diseñar ebooks que aprovechen las ventajas del formato, no limitarse a subir un PDF estático; hay que explotar la capacidad de búsqueda, las notas al pie enlazadas y la posibilidad de actualizar contenidos en tiempo real.

Este Día Mundial del Ebook nos recuerda que el libro digital no es una moda pasajera, sino una herramienta poderosa para democratizar el acceso a la cultura.

En Cuba, es la oportunidad de innovar con recursos limitados, de tender puentes sólidos entre el papel y la pantalla, entre la tradición y la contemporaneidad, entre el libro que tenemos y el libro que queremos construir, para que esa vieja herramienta siga cumpliendo su misión de iluminar mentes, incluso, en las condiciones más adversas.

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