norteamericano entrevistaFoto: Leonel Escalona Furones

John McAuliff llegó a Vietnam el 30 de abril de 1975, el mismo día del fin de la guerra con los Estados Unidos, un conflicto que duró once años, terminó con la unificación entre el norte y el sur de la nación asiática y la derrota de los Estados Unidos, que se largó, además, sin 59 mil de sus hombres, entre muertos y desaparecidos.

El hecho, que me cuenta con una media sonrisa, también consta en la presentación de la página web de la Fundación para la Reconciliación y el Desarrollo, que fundó y dirige desde 1985, con la misión, según el propio sitio, “restaurar las relaciones diplomáticas, económicas y culturales de su país con Cambodia, Laos, Vietnam y, desde mediados de los noventa, Cuba.

Tiene, confiesa mientras espera que reinicien las sesiones del V Seminario Internacional por la Paz y la Abolición de las Bases Militares Extranjeras, una historia muy larga con Cuba, “más de 30 viajes, incluyendo uno a Guantánamo, el año pasado, buscando conocer, acercarme”.

En la página web de su Fundación, una organización no gubernamental que se sustenta con fondos de fundaciones, agencias gubernamentales americanas y europeas, y donantes privados, también se promueven las formas para viajar a Cuba: Cómo manejar las categorías, el trato con los oficiales de emigración, el comportamiento en Cuba y las redes sociales, las vías de transporte…

De hecho,  el fin de las restricciones de los viajes a la Isla, es una de sus más recientes y fervientes proyectos.  A Cuba, también, invita a los irlandeses –él mismo es descendiente- a investigar sobre las relaciones entre las dos islas.

De su segunda vez en el Guaso, tiene algunos peros que hace unos minutos defendió ante plenario. “Muchos de los delegados al Seminario tienen una lucha muy fuerte contra los Estados Unidos,  en muchas ramas, y yo mismo estoy de acuerdo en muchos planteamientos, pero discrepo por ejemplo en responsabilizarlo de todos los males de Siria, donde hay otras potencias involucradas. No hay santos allí”.

Su misión, empero, es otra. “Yo vine hasta aquí a hablar de la base de los Estados Unidos en Guantánamo, y para eso me baso en una distinción que creo fundamental, y es su estatus legal. Las bases pueden tener muchas consecuencias, para los pueblos, pero es bueno distinguir si son legales o ilegales, como la de aquí”.

Hay, argumenta, “un principio básico, el concepto legal de tratado desigual, que hemos visto en muchos países, y es muy claro, evidente en el caso de Cuba, que dice que estos acuerdos no pueden considerarse legítimos cuando se han obtenido por la fuerza.

“Porque el tratado (Enmienda Platt) fue impuesto luego de la guerra hispano-cubano-norteamericana como condición para que se fueran los norteamericanos, y esa fue la causa de por qué los cubanos aceptaron ese documento que daba a los Estados Unidos la posibilidad de intervenir y la apertura de dos bases navales, de las cuales solo una se construyó finalmente”, continúa.

Sobre la permanencia del enclave militar, opina que la necesidad que la generó es cosa del siglo XIX, “algo del pasado” y que actualmente no hay ninguna razón para tener esa base”.

La prisión donde se recluyen presuntos terroristas, “es otra cosa, que no debe ser porque además de los reclamos sobre los derechos humanos, no está estipulado en el tratado original que esa porción de tierra pudiera usarse con esos fines. Deben terminar los dos”.

Luchador contra la guerra de Vietnam desde el 1966, y experimentado en el campo de las fuerzas políticas e intereses que suelen moverse tras los conflictos, confiesa que no sabría decir, a ciencia cierta, qué hará Trump sobre Cuba, y específicamente, sobre la cuestión de la base.

Pero igual se aventura.  “Puede ir atrás, como quiere Marco Rubio y Diaz-Balart o puede ir al frente como quieren los hermanos Fanjul, los magnates azucareros que fueron los mayores donantes del presidente en Florida, tuvieron grandes propiedades en Cuba y ahora quieren entrar de nuevo, respetando las condiciones del gobierno de la Isla. Esto es lo más probable.

“Ellos dieron medio millón de dólares, mientras los cubanoamericanos no lo ayudaron en nada. De modo, que si el presidente tiene algún compromiso es con los azucareros”, reflexiona.

Además, hace cuatro años, el representante legal de la Fundación Trump, Jason Greenblatt, estaba negociando con Cuba para campos de golf. Es un hombre de negocio, y si puede tener relación con Egipto y con China, por qué no puede tener relación con La Habana”.

Para un acercamiento definitivo, tiene lo que le faltaba a Obama, “los republicanos y los congresistas que apuestan por los intercambios en la agricultura, los hombres de negocios que quieren hacer tratos con este país, tienen el punto de vista de los Libertarian, que dicen que es libertad de los norteamericanos, su partido ostenta la mayoría en el senado para abrir la puerta de los viajes, y si quiere también puede sumar a la cámara de representantes”.

Solo que, a su juicio, “Cuba no es la prioridad actualmente, en estos momentos hay muchos otros asuntos que ocupan al gobierno. Mientras tanto, el gobierno de la Isla ha sido muy inteligente, y no se ha pronunciado en contra de Trump, hasta ver qué hace”.

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