san antonio ancianoWílder señala el sitio donde estaba su casa hasta hace unas jornadas. Foto: Jorge Luis Merencio

«Cuando vi que mi casita se iba a pique, arrastrada por el río Sabanalamar, sentí que el cielo me caía encima. Imagínate qué gol­pe, la perdí a ella, pero también al televisor, las camas, los colchones, los muebles y los animales.

 

«Todo fue muy rápido. Misael Ordúñez, un amigo que me ayudaba a sacar el lodo de la vivienda, que era de prefabricados Sandino y techo de fibrocemento, me dijo: “viejo, vámonos que el río nos lleva”. Y gracias a esa visión es que hoy los dos estamos vivos, pues apenas nos movimos se produjo la avenida, al rendirse la palizada fijada al puente que contenía el agua represada.

 

«Se me fue mi casa, pero me queda la vida, la solidaridad de los vecinos y la certeza de que la Revolución no me va a dejar desamparado, junto con mi familia. Ahora mismo un amigo, el profesor Rafael Leyva Rodríguez (conocido por Pallelo), casi me obliga a ir para su hogar. Por lo pronto estamos viviendo en casa de una nieta».

 

El dramático relato corresponde a Wílder Matos Machado, un septuagenario vecino de Puriales de Caujerí, el Consejo Popular más afectado por el huracán Matthew en el municipio de San Antonio del Sur.

san antonio rioImagen de cómo quedó Puriales de Caujerí. Foto: Jorge Luis Merencio

El golpe de agua se llevó además una estación de la Policía Nacional Revolucionaria junto a una instalación de Salud Pública y dañó considerablemente otras muchas vi­viendas. Lo más conmovedor, sin embargo, es que dividió en dos al poblado, incomunicando a la parte sur con la norte.

 

En este montañoso sitio los vientos del meteoro derribaron numerosas moradas y a otras les arrancó total o parcialmente los techos, y no pocas fueron inundadas por las aguas y el lodo, reseña Eligio Duvergel Ho­delín, presidente de la Zona de Defensa.

 

«Los perjuicios son mayores, pues aún se desconoce lo sucedido en comunidades como Dos Brazos, La Zona, El Plan, Viento Frío, Mameyal, Los Indios y El Palmar, a las cuales no se les ha podido llegar por estar incomunicadas, ya sea por los ríos o por los caminos», argumenta Eligio.

 

Incuestionablemente los daños más significativos en el municipio los observamos en las viviendas, pero también hubo afectaciones al servicio eléctrico, que sigue sin restablecerse en la mayor parte del territorio, explica Israel Ro­dríguez Mengana, presidente del Consejo de Defensa en San Antonio del Sur.

 

Los vientos, ‒argumenta el directivo,‒ derribaron la torre que asegura las señales de radio y televisión, mientras el mar se ensañó una vez más con el tramo de carretera conocido como Bate Bate, incomunicando por más de un día a los municipios del Este con Guantánamo. Además en tres sitios fue averiada la fibra óptica, lo que truncó la comunicación telefónica con este y otros municipios.

 

Agrega el presidente del Consejo de De­fensa que hasta la tarde-noche de ayer no se tenía comunicación con el Consejo Popular Maya-Chote, por deterioro del vial, y estaba interrumpida la circulación por la carretera La Mulatica.

 

Valle de Caujerí, el polo productivo del mu­nicipio, sufrió pérdidas en las plantaciones de plátano y guayaba, en los techos de algunas unidades ganaderas y en el de la nave de acopio, relaciona Arisel Samón Pé­rez, director de la Empresa Agropecuaria.

 

Asegura Arisel que se desmontó la cubierta de las 26 casas de posturas y que esperan la mejora del tiempo para tratar a las pequeñas plantas y salvar todas las que sean posible del impacto de la lluvia y los vientos.

 

De las 220 hectáreas de plátano con riego localizado en Yateritas, 162, ya en producción, sufrieron algún estrago.

 

En San Antonio del Sur, por lo pronto, ya se recuperó la electricidad en algunas comunidades y se continúa trabajando aceleradamente en esa tarea, con el apoyo de brigadas de otras provincias; también se labora por restañar decenas de viviendas y la infraestructura productiva del municipio.

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