Foto: Lorenzo Crespo Silveira
A Ana Luz García Calzada la descubrí cuando todavía no imaginaba redactar noticias para el semanario de la provincia, y mucho menos estaba al tanto de que es una de las narradoras y poetas insignes de este terruño oriental.
Casi siempre la veía -bolsito en mano-, cuando se dirigía a comprar el bendito pan de cada día. Solo la acera me separaba de la señora de pequeña estatura y andar lánguido y pausado, que se me antojaba, a la vista, seria, atemorizante…
Hace poco me decidí a abordarla. Estábamos en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y cuando le comuniqué mi intención de entrevistarla resulté la sorprendida: ¿Me la puedes hacer ahora mismo? Aquellas seis palabras retumbaron en mi conciencia como la primera vez, hace cinco años, cuando en condiciones similares de repente me dio la misma respuesta. Pactamos el encuentro.
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Había feria agroindustrial ese día en la ciudad. La esperé largo rato sentada en el paso de escalera del edificio donde mora, en la misma esquina de Máximo Gómez y Jesús del Sol. Llegó claramente extenuada, e iniciamos la plática mientras me acomodaba en uno de los balances que amuebla su sala:
– Me gusta que todo esté ordenado. He pasado por momentos difíciles en la vida, por eso a veces soy así -dijo, despojándose de la aparente coraza que blinda a la escritora de 71 años de edad.
– Comencé a escribir poesía como casi todo el mundo, cuando tenía catorce años. Fue un refugio tras el fallecimiento de mi madre.
La Botijuela, el primer cuento “con todas las de la ley”, logra armarlo a los veinte años, mientras trabajaba como oficinista en el Ministerio de la Agricultura, en Montesano.
Su pasión por la literatura se dispara cuando se reúne, e intercambia escritos con personas que compartían esta necesidad; incluido Tomás García Bendicho, por aquel entonces locutor de CMKS, quien al escuchar La Botijuela, le propone adaptarlo para la radioemisora.
– Fue mi primera incursión gloriosa en este campo, incluso obtuve un papel episódico en una de las grabaciones. Fue un estímulo grandísimo en aquel entonces, a partir del cual seguí escribiendo sin parar- rememora.
– Pero tomo conciencia plena de que la literatura iba a ser mi camino, cuando ingreso en la carrera de Filología, de la Universidad de la Habana. Muchos años después, tras regresar a Guantánamo, participé en el Concurso Regino Eladio Boti (1984), y para mi sorpresa, gané los premios en literatura para niños, poesía y narrativa, ocasión en que el escritor santiaguero José Soler Puig, me inspiró al comentar: “Tú, eres una novelista en potencia “.
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El camino de la creación, traspasa los aciertos del propio artista y patentiza de distintas maneras las herencias de los maestros y autores favoritos.
Aunque todavía no estaba creado el centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, Ana Luz cultivó mucho más sus conocimientos, gracias al profesor de los narradores cubanos, Eduardo Heras León. “Me alumbró un camino que era desconocido”, asevera.
En el estilo de sus narraciones hay influencias del escritor estadounidense J.D. Salinger (novela El guardián en el trigal), y del alemán, Hermann Hesse (El lobo estepario).
De los cubanos, confiesa que Alejo Carpentier la atrae, sobre todo por el uso exquisito del lenguaje, y la capacidad de dejar ver lo real y maravilloso, en la cotidianidad.
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Quedarse a residir en su ciudad natal, cuando la capital le había mostrado las enormes posibilidades al que se consagra en la literatura, otorga a su notable producción literaria, un lugar merecido en las letras cubanas.
“Guantánamo me dio la posibilidad de tener un respiro y las condiciones mínimas para dedicarme a escribir. Aquí están los que me quieren”, aseguró la autora de Once Nidales (Editorial El Mar y la Montaña, 2000 y 2009)
– Mis primeros libros publicados, Heavy Rock (Editorial Oriente, 1995) y la novela Minimal Son (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1995) están situados aquí. Heavy... habla sobre las salidas ilegales por la base naval de norteamericana situada en Caimanera, y el segundo mueve sus personajes por Maisí y Baracoa.
– Una colega de profesión me comentó que vivir en Guantánamo debía ser un castigo. Lo que ocurre realmente es que estamos alejados de los centros de poder, y existen menos posibilidades aunque se exprese lo contrario. Eso requiere un esfuerzo doble, pero por suerte, no se me han quitado los deseos de escribir.
Cultivadora de géneros como la poesía y la literatura para jóvenes, la avalan premios como el David y el Luis Felipe Rodríguez, de la UNEAC, y se cuenta entre los finalistas en diferentes ediciones de los premios de la Crítica y en el concurso de novelas Italo Calvino. Sus artículos han sido publicados en periódicos provinciales y nacionales, así como en revistas nacionales y extranjeras, como la canadiense Ruptures.
García Calzada ocupa la vicepresidencia de la Uneac en la provincia, y confiesa que no le alcanza el tiempo para sus proyectos personales, sin embargo, no le pesa esta labor, a lo que suma el espacio de promoción en la revista cultural Entre Luces, del Telecentro Solvisión.
“Si bien estoy retirada de los talleres literarios de la Casa de Cultura, me gusta inmiscuirme con los jóvenes que empiezan, me inyectan con su alegría. Quizás, sus ideas estén verdes, pero sus impulsos siempre son grandes, y llego a casa con deseos de renovar. No siempre lo consigo, pero lo intento. Me siento joven de mente”, destaca Ana Luz.
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Custodiando la sala, junto al Guamo y la medalla por la Cultura Cubana, se encuentra La Fama, estatuilla que obtuvo en 2002.
– Recibí La Fama con alegría, pero en un primer momento no percibí la categoría de la distinción. Es un compromiso con la cultura guantanamera y la nación cubana. Compromiso que va más allá de lo epidérmico y lo superfluo, y trato de ser consecuente con eso- declara con modestia.
–Cultura es luchar contra muchos fenómenos negativos que están ocurriendo en la sociedad. Detrás de los cambios actuales, hay patriotismo, deseos de independencia y soberanía nacional- subraya convencida.
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Media hora bastó para desentrañar el alma noble de esta mujer. Una taza de café puso fin a la charla y a mi permanente nerviosismo. Al marcharme, una última incitación al diálogo la mueve a responder:
– Amo profundamente la obra botiana. Regino Eladio Boti es un modelo para los que hacemos cultura, no solo en Guantánamo, sino en Cuba- y a renglón seguido subraya: “Me gusta la tranquilidad de mi provincia aunque a veces es violada por indisciplinas. Pero es tranquila, y muy limpia. La luz de Guantánamo… me satisface mucho.
–Tenemos que seguir rompiendo con el perfil de aldeanos y ser más pretensiosos y ambiciosos. Todavía existe un concepto muy cerrado de la provincia. Hay que estar atentos a la creación, a veces se promueve lo peor y las cosas con más valor no se fomentan debidamente. Promover, incluye atender a las personalidades y apoyarlas en todos los sentidos, porque representan la cultura de Guantánamo y porque son el modelo para los jóvenes que vienen escalando. La falta de atención lacera y daña - concluyó.




































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