carlos manuel cespedes natalicio

Durante el acto conmemorativo por el Fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina el 27 de noviembre del 2013, Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana emitió un alerta a la juventud: “No olvidemos nunca”.

 

Hoy, bajo la égida victoriosa de quienes hace 150 años iniciaron y protagonizaron las guerras por la independencia de Cuba y sus continuadores, resalta la figura de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria y primer presidente de la República de Cuba en Armas, elegido en Guáimaro, el 10 de abril de 1869.

 

Céspedes, nacido el 18 de abril de 1819, en la Villa de San Salvador de Bayamo, en hogar de abolengo, típico de los adinerados terratenientes del valle del Cauto, amasadores de una suficiente fortuna, fue criado con todos los beneficios y comodidades propios de su alcurnia.

Tras feliz niñez en su tierra natal, viaja a La Habana y es aceptado como alumno del Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde no solo se formaban clérigos, sino que se impartían disciplinas novedosas para la época como el Derecho Constitucional.

Fue en la vecina Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo, donde obtuvo el título de bachiller en Derecho Civil en 1838, tras lo cual marcha a España para concluir sus estudios en Leyes. La fortuna familiar hizo de él un joven privilegiado, pues obtiene su licenciatura en la Universidad de Barcelona y puede dedicarse a recorrer varios países, adiestrándose en varios idiomas.

En 1842, Céspedes regresa a Bayamo y se vincula a toda iniciativa que significara cultura, progreso e ilustración; lo que lo distingue como fervoroso amante de su terruño. Junto a Pedro Figueredo y otros coterráneos fundó la Sociedad Filarmónica de Bayamo y, al poco tiempo, recayó en su persona la dignidad de síndico del Ayuntamiento de la ciudad. Durante esa década, también se enlazó a los cubanos que como él amaban el suelo patrio y se sentían comprometidos con él.

 

A raíz de las conspiraciones de la década de 1850, momento crucial en la historia independentista de la Isla, Céspedes es detenido y enviado a Santiago de Cuba; aunque más tarde su pena sería trasladada a ocho meses de prisión domiciliaria. De regreso a Manzanillo, donde había fijado su residencia, dedica su bufete a los negocios agrícolas, cría reses y compra el ingenio La Demajagua en 1866, sin haberse alejado de sus pensamientos y conspiraciones a favor de la independencia: para entonces tenía claro que para lograrla la única vía era la lucha armada.

 

Muchos precursores independentistas se inclinaban a tendencias proanexionistas, pero Céspedes mantenía su pensamiento liberal.

 

En los primeros meses de 1868, los planes de emancipación de muchos patriotas como el venerable abogado se intensificaban y no tenían el más mínimo interés de continuar viendo a su tierra mancillada por España, y mucho menos anexada a los Estados Unidos.

 

El 4 de agosto, en la Convención de Tirsán, celebrada en la finca de San Miguel del Rompe, en Las Tunas, se reunían un grupo de hombres, movidos todos por intereses como el derecho universal de los hombres a la libertad, sin distinción de raza ni creencias, lo que implicaba la necesidad de la abolición de la esclavitud. Es en esa coyuntura cuando Céspedes asegura que las condiciones para iniciar la lucha ya estaban creadas, pese a que algunos preferían esperar.

 

Al referirse a este momento histórico, Eusebio Leal refiere: “Lo que lógicamente no parecía muy claro para Céspedes en 1850 ni en 1851, sí lo estaba en 1868. Una convicción íntima lo animaba contra todo pronóstico: «Señores: la hora es solemne y decisiva. El poder de España está caduco y carcomido. Si aún nos parece fuerte y grande, es porque hace más de tres siglos que lo contemplamos de rodillas. ¡Levantémonos!»[1]. Estos argumentos eran suficientes, y desencadenarían en lo que días más tarde sería el estallido independentista, el 10 de octubre, en el ingenio Demajagua.

 

A partir de ese momento, la figura de Carlos Manuel de Céspedes detonaría en el corazón de todo el pueblo cubano, que por 150 años ha luchado por alcanzar, defender y preservar la independencia de Cuba. Dos grandes continuadores se inscriben en la Historia patria: José Martí y Fidel Castro, el uno apóstol y Héroe Nacional, el otro líder histórico de la Revolución Cubana.

En 1888, veinte años después del inicio de la lucha, José Martí escribió: “Sé bendito, hombre de mármol”, y qué decir cuando se refirió a su arrebato de libertador y caudillo, o a los choques con otro virtuoso, Ignacio Agramonte, de ello en saludo a la fecha escribiría desde Nueva York:

 

“El extraño puede escribir estos nombres sin temblar, o el pedante, o el ambicioso: el buen cubano, no. De Céspedes el ímpetu… El uno es como el volcán, que viene, tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra… De Céspedes el arrebato… El uno desafía con autoridad como de rey; y con fuerza como de la luz. Vendrá la historia, con sus pasiones y justicias; y cuando los haya mordido y recortado a su sabor, aún quedará en el arranque del uno y en la dignidad del otro, asunto para la epopeya. (…) Hoy es fiesta, y lo que queremos es volverlos a ver al uno en pie, audaz y magnífico, dictando de un ademán, al disiparse la noche, la creación de un pueblo libre… ¡Aún se puede vivir, puesto que vivieron a nuestros ojos hombres tales!”

 

En ocasión del centenario del inicio de las luchas por la independencia, el 10 de octubre de 1868, Fidel Castro Ruz, expresó:

 

“[…]lo que engrandece a Céspedes es no solo la decisión adoptada, firme y resuelta de levantarse en armas, sino el acto con que acompañó aquella decisión —que fue el primer acto después de la proclamación de la independencia—, que fue concederles la libertad a sus esclavos, a la vez que proclamar su criterio sobre la esclavitud, su disposición a la abolición de la esclavitud en nuestro país, aunque si bien condicionando en los primeros momentos aquellos pronunciamientos a la esperanza de poder captar el mayor apoyo posible entre el resto de los terratenientes cubanos.”

 

A pesar de que entonces no se pudo concretar la independencia, Carlos Manuel de Céspedes se convirtió en el más grande de los patricios independentistas de Cuba. Su legado perdura por más de un siglo y dio paso a esta Revolución que continúa firme en su desarrollo, segura de que ninguna de las maniobras del Imperio cercenará su legado. Haciendo eco de las palabras de Céspedes el día en que libertaba a sus esclavos e iniciaba la lucha: “Nosotros triunfaremos porque cuando un pueblo se coloca formidablemente amenazador para reclamar sus derechos, siempre ha vencido”.

 


 

Comentarios   

0 #1 Dianna 03-05-2018 17:02
Está muy bueno el artículo felicitaciones para la compañera que lo escribió. Nos ha dado una panorámica del padre de la patria y nos ayuda a no olvidarnos jamás de nuestra historia.
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